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Lunes, 26 de junio de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
La red de dopaje se nutría de hospitales públicos
Según el sumario, el hematólogo Merino Batres aprovechó su cargo en la Clínica La Princesa para lograr material de transfusión
La red de dopaje se nutría de hospitales públicos
PRUEBAS. Los agentes se incautaron de bolsas de sangre. / EFE
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El 'caso Festina', el que convirtió el Tour 1998 en una carrera maldita, nació de una confesión, de un chivatazo. La venganza es una de las mejores fuentes informativas. Con la 'Operación Puerto' ha sucedido igual. Tras ese testimonio oculto, las cámaras y los oídos -escuchas telefónicas- de la Guardia Civil tomaron como diana el laboratorio madrileño de Merino Batres y los pisos de Eufemiano Fuentes. Las imágenes captadas muestran un ir y venir de deportistas, y de cajas y máquinas. Merino, Fuentes y León aparecen junto a esas puertas. Igual que numerosos deportistas. Las grabadoras archivaron las conversaciones.

Después, los registros hallaron un arsenal. En un piso de la calle Caídos de la División Azul, en Madrid, aparecieron sustancias no autorizadas en España, caducadas y procedentes de países del Este, y dosis de una hormona fabricada de forma clandestina en China. También según los datos del sumario, en otro apartamento, situado en la Calle Alonso Cano, los agentes se incautaron de esteroides, anabolizantes, hormonas de crecimiento y fármacos de uso veterinario. Había además 158 bolsas de sangre y 45 de plasma, más dos máquinas ACP 215 para la congelación de los glóbulos rojos. Y otro aparato para descongelar. Al parecer, las transfusiones se realizaban en hoteles donde se alojaban los deportistas cuando pasaban por la capital.

Curso en el Ejército

Precisamente ahí, en la manipulación de la sangre, puede estar el delito contra la salud pública. Hasta que no se apruebe la nueva ley antidopaje, en España es legal recurrir a dopantes para mejorar el rendimiento físico.

La investigación extrajo otro dato revelador de la magnitud de la trama que supuestamente está encabezada por Fuentes. José Luis Merino Batres, que ocupa un cargo público en una clínica madrileña, aprovechó su posición para obtener en otros centros hospitalarios públicos material destinado a las transfusiones. Aprendió a congelar sangre en un curso organizado por el Ejército y adquirió la máquina ACP 215. Con ella evitó un problema. Ya no tenía que estar pendiente de la caducidad de la sangre extraída, de unos 35 días. Con el nuevo aparato podía congelarla y utilizarla sin fecha. Eso sí, con la condición de no romper la cadena de frío. Según los datos revelados por 'El País', el transporte de las bolsas de sangre se realizaba en maletines que disponen de refrigeración por nieve carbónica.

Merino era el eje del abastecimiento. Consiguió cloruro sódico elaborado en el Centro Militar de Farmacia, un compuesto empleado en la limpieza de la máquina congeladora. Y obtuvo glicerol, necesario para evitar la ruptura de los glóbulos rojos, en centros oficiales de Andalucía y Valencia. Cuando hacía sus peticiones, Merino siempre se identificaba como responsable del hospital La Princesa. A recoger los productos acudía un vehículo oficial de ese centro hospitalario. Pero, como se ha sabido ahora, su destino era otro.



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