Y ahora, entonen conmigo: «Me gusta el fútbol... Los domingos por la tarde la mejor de la afisioooneee...». En estos momentos de intenso mundial, podría apostillarse que el domingo se ha derramado a lo largo de toda la semana y que la canción popular podría combinarse con los lunes, los jueves, los viernes En fin, gustos para todos. Pero no hablemos de deporte sino de merchandising, de tendencias en suma. Algunas de ellas dañinas para la vista y otras para el corazón. ¿Se han fijado bien?
Vayan un par de ejemplos de hasta dónde llega la fiebre futbolera o el ojo de los publicistas. Salchichas oficiales del Mundial. Como lo oyen. Se llaman Snakx y tienen cierta similitud a los balones con los que se disputan los partidos, más que nada por su redondez. Llevan, además, las marcas características del cuero sobre su piel. Bien está que se celebre en Alemania, pero
Pinturas de guerra. ¿Cómo se pintan los aficionados la cara? ¿De dónde sacan el naranja los holandeses? Muy fácil. Se vende un kit que incluye una fotografía de la bandera del país correspondiente y una serie de pinturas con los colores de la selección que toque. El aficionado compra su kit por 4'65 euros, aplica el tinte a su rostro y tira millas.
Estos son sólo dos ejemplos, pero hay muchos más. Muñecos vudú con la efigie de las selecciones contrarias, cervezas mundialistas con un color y bandera para cada escuadra, yoyós musicales con los himnos correspondientes, los estadios oficiales a escala y de cartón para montar el mundial en casa Hasta aquí lo divertido. Ahora lo sustancial: ¿Cuánto recaudará la FIFA en Alemania 2006 sólo en merchandising?