Los conciertos que el martes y miércoles ofrecerá Van Morrison en el Euskalduna de Bilbao servirán para que recree en vivo 'Play With the Devil', último álbum que evidencia su debilidad por el country, una pasión un tanto soterrada por este vocalista supremo, que ha puesto su garganta al servicio del R&B, el blues, el jazz y las raíces celtas.
Más de cuatro décadas después de sus inicios con Them, Morrison no sólo culmina una vieja aspiración, sino que, de alguna manera, amplía para los no iniciados el perfil artístico de un artista insobornable, huraño y crucial en la música popular del siglo XX. Quienes quieran tener una visión amplia de su memoria pueden repescar ahora 'The Philosopher Stone', indispensable antología con una treintena de temas inéditos.
Lanzado en 1988 por un Van Morrison en plena plenitud creativa y vital recuperada gracias a su unión a la Miss Irlanda Michelle Rocca, aquella abrumadora piedra filosofal con una treintena de inéditos, rarezas y versiones alternativas grabadas entre el 71 y el 88, seguía la estela de recopilatorios previos de material oscuro. Pero tenía un alcance que trascendía el circulo de fans del gran astro del soul celta.
No sólo revelaba la altura artística de la voz más negra del rock pálido, sino que desvelaba muchas claves para entender dónde reside el secreto que le ha permitido a este gran músico entregar tantos clásicos potenciales. Y es que lo que para cualquier otro artista serían obras de primer orden, para Morrison no es sino materia prima que es necesario macerar el tiempo que sea necesario.
Gracias a 'The Philosopher Stone' descubrimos, por ejemplo, que 'Real Real Gone', uno de los mejores números de su soulero disco de 1990 'Enlightment', fue originalmente concebida una década antes. Y también que 'Wonderful Remark', que en 1983 formó parte de la banda sonora de 'El rey de la comedia', era en realidad una pieza de más de ocho minutos que Morrison había compuesto en 1973.