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Domingo, 25 de junio de 2006
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SOCIEDAD
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El cine, en guerra
El cine, en guerra
SCARY MOVIE 4, caballo de batalla en la guerra del cine.
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Propietarios de salas contra distribuidoras hollywoodenses, productores contra exhibidores y europeos contra americanos

Es la guerra del cine, la contienda total en un mercado ultraprotegido en España y gestionado en régimen de oligopolio en los Estados Unidos, que ahora zozobra por culpa del pirateo y la comodidad del DVD y el cine en casa. Caen los espectadores y los ingresos de taquilla, pero lo propietarios de salas siguen como frágil loncha de queso en medio de un sandwich que tiene dos pesadas rebanadas: la primera es un gravoso sistema proteccionista que les impone unas cuotas obligatorias de proyección del cine español y europeo; y la segunda, todavía peor, es un oligopolio de distribuidoras norteamericanas que les marca inexorablemente sus porcentajes de beneficios, sus lotes de películas buenas o pésimas, sus plazos de proyección y hasta sus carteles y sus materiales publicitarios. Viéndolo de otra manera, los propietarios de salas cinematográficas no son sino los parias de un negocio que les obliga tanto a tragar una legislación española que favorece claramente a los productores, como a soportar la dictadura de unas 'majors' que imponen su ley a golpe de película. Una situación injusta, ya lo digo, que explica la rebelión de los exhibidores ante el estreno de 'Scary Movie 4' y que, de paso, también nos libra momentáneamente de soportar un tostón sideral con el terror por bandera.



música

Dinosaurios al rescate

Vuelven los viejos dinosaurios de la música para salvar esa grave caída en las ventas de discos que tiene enferma a toda la industria. Un 'come back' obligado, un retorno necesario, que esta semana ha sido liderado por The Who, el viejo grupo medio sinfónico y medio salvaje, del que ya no se espera tanto el destrozo de una guitarra sobre el escenario, sino algo más simple como cualquier interpretación de 'My Generation' o de 'Happy Jack' que ayude a detener la imparable caída de las ventas de música en CD. También en el caso español hay un 'come back' canterano y de enorme nostalgia, ya que Rosendo Mercado y sus chicos de Leño acaban de recuperar el directo grabado en el 83, justo cuando la sublime cultura musical barriobajera del foro madrileño se enfrentaba a las modernidades transformistas de la movida igualmente madrileña. Y para que no quede sólo en esto la vuelta de los dinosaurios, también la salsa y los salseros acuden al rescate de la industria, ahora que se anuncia la reedición completa de todo el catálogo de la Fania, incluyendo aquel glorioso directo de 1975 en el Yankee Stadium, con percusiones afrocubanas, ritmos calientes y pasitos a medio camino entre el boogaloo y la guaracha. Pues nada, que siga la lucha y que vuelvan también Coz, Ñú, Johny Pacheco, Pete "Conde" Rodríguez, Cheo Feliciano y, porqué no, el "Musical Express" de Angel Casas.





LIBROS

Negocio editorial

No se enfaden los ortodoxos de la literatura, por favor, si les digo ahora que los magos de la industria editorial están otra vez a la busca y captura de ingresos adicionales en la venta de sus libros. En otras palabras, vuelve otra vez la controversia sobre la publicidad subliminal en las novelas, tal y como pasó hace ya cinco años con el escritor Fay Weldon y su novela 'La conexión Bulgari', cuyas repetidas alusiones a las joyas y los perfumes de esa marca se pagaron a millón la palabra. Un caso idéntico al que ahora se plantea con una novela de chicas adolescentes editada en los Estados Unidos por el poderoso Perseus Books Group, donde sus jóvenes protagonistas usan lápiz de labios marca Cover Girl y algunos otros productos bien definidos y mejor identificados. Incluso, al tratarse de un contrato público entre el fabricante de productos de consumo y la editorial, el primero no ha dudado en publicitar el libro y las menciones 'literarias' en su página de Internet. Como es natural, los ortodoxos de la literatura y los cancerberos de la formalidad cultural estiman que todo esto es un grave atentado con graves consecuencias sobre la naturaleza de la palabra y la estructura narrativa. Pues no es para tanto, digo yo, porque tampoco cambiaría nada la calidad de la obra si ahora nos enteráramos de que Truman Capote había cobrado de Tiffanys por el nombre de la marca y hasta por el reflejo de Holly Golightly en uno de sus escaparates en la Quinta Avenida. Son sólo cosas de la vida, del dinero, de la industria

e.portocarrero@diario-elcorreo.com



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