«Debemos dar todo en nombre de la libertad que amamos». Esta simbólica y premonitoria frase, pronunciada por Esteban Urkiaga, Lauaxeta, puede leerse desde ayer en la escultura instalada en Vitoria en memoria del escritor, periodista y poeta vizcaíno (Laukiz, 1905), fusilado el 25 de junio de 1937 en la capital alavesa.
La figura, situada en el barrio de Lakua en la calle que lleva su mismo nombre, frente a la sede del Gobierno vasco, mide dos metros de altura y representa el busto del que fuera uno de los máximos exponentes de la poesía vasca de su tiempo. La pieza, realizada en arenisca y bronce, es obra del artista rumano Joan Septimiu Jugrestan, que actualmente prepara su doctorado en la facultad de Bellas Artes de la UPV y algunas de cuyas esculturas adornan las calles de Erandio y Santurtzi.
Este homenaje del Gobierno vasco y el Ayuntamiento de Vitoria se encuentra a caballo entre los actos programados a lo largo del año pasado, cuando se cumplía el centenario del nacimiento del poeta, y el próximo, que supondrá el 70º aniversario de su muerte.
El acto estuvo amenizado con la actuación de la banda de música de la Ertzaintza, nombre con el que el propio escritor bautizó este cuerpo policial en tiempos de la guerra, y la lectura de dos poemas de Lauxeta recogidos en su segundo y último libro 'Arats-Beran', publicado en 1935.
La sobrina del homenajeado, Miren Sorkunde Urkiaga, destacó la «alegría y emoción de toda mi familia por todos los actos que se están haciendo en su honor, es algo excepcional». Lamentó no haber tenido oportunidad de conocer a su tío, «pero mi padre era su hermano pequeño y le recuerda como una persona muy culta, leída e instruida, amante de la familia y la paz. En su casa no faltaban la ikurriña, el crucifijo y una imagen de la Virgen», ensalzó.
Simbolista y modernista, con una lírica que ensalzaba la naturaleza y amigo de Federico García Lorca, con el que compartió su trágico final, Lauaxeta «amó la libertad, a este pueblo y su lengua, y lo dio todo por ellos, motivo por el cual queremos expresarle nuestro agradecimiento», según recordó la consejera de Cultura, Miren Azkarate. La portavoz del Ejecutivo autonómico se refirió a él como «el eslabón indispensable para que hoy estemos aquí y transmitamos los mismos ideales que defendió, fruto de su compromiso con la sociedad vasca, que le llevó a entregar su vida».
«Inconformista»
Una referencia a su papel como comandante de intendencia de los batallones de gudaris, motivo por el que fue detenido el 1 de mayo de 1937, mientras enseñaba a varios periodistas extranjeros los efectos causados coinco días antes por el bombardeo alemán al resto del mundo: «Los documentos hallados en referencia a aquellos meses demuestran que sufrió un auténtico calvario en la cárcel antes de morir», aseguró su sobrina. «Mataron su cuerpo pero no su espíritu, que sigue vivo», añadió Azkarate.
Por su parte, el concejal vitoriano Alfredo Iturricha, del PP, aludió a Lauaxeta como un hombre «de corta pero intensa e inquieta vida cultural, inconformista y soñador con un mundo más hermoso y justo. Espero que esto nos haga reflexionar para poner nuestro granito de arena y así hacer realidad su sueño».