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Martes, 20 de junio de 2006
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SOCIEDAD
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El control de la depuradora
La capacidad de filtrado del sistema renal va disminuyendo con los años, pero esa pérdida puede verse acelerada por una presión arterial alta o por mantener hábitos tóxicos, como el tabaquismo
El riñón está constituido por un gran número de unidades funcionales o nefronas, que realizan una labor de filtrado y limpieza de la sangre. El producto que se obtiene tras ese filtrado está formado por una cantidad de líquido que puede variar considerablemente -según la necesidad del organismo para eliminar agua o retenerla-, y por un contenido diluido en el que se incluyen toxinas urémicas, procedentes del metabolismo de las proteínas, y diversos minerales o electrolitos como sodio, potasio, calcio y fósforo. Pero además de esa labor de limpieza y filtrado de la sangre, el riñón realiza otras funciones consideradas endocrinas, es decir, relacionadas con la fabricación de hormonas o similares, entre las que destacan la vitamina D y la eritropoyetina.

La capacidad del riñón para limpiar la sangre se mide en mililitros por minuto. Para realizar la medición se recurre habitualmente a una sustancia denominada creatinina, que proviene del metabolismo proteico muscular. Así, unos niveles bajos de creatinina en sangre indican habitualmente una buena función renal o 'capacidad de aclaramiento', aunque también pueden significar escasez de masa muscular. La función renal se produce correctamente cuando se consigue un nivel de aclaramiento de alrededor de un litro cada 10 minutos.

Pero no todas las unidades funcionales del riñón están siempre funcionando. El organismo deja una cierta cantidad de ellas en reserva, que permitan hacer frente a la pérdida de estas unidades producida por la edad o a la acción de determinadas enfermedades o agentes tóxicos. La reserva funcional permite además al sistema renal enfrentarse a situaciones comprometidas como las que se dan en algunas enfermedades.

No todos tenemos el mismo número de nefronas. Además, es habitual que a partir de los 40 años se produzca un cierto declive en la capacidad de aclaramiento. El proceso de desaparición de unidades funcionales tiene las características muchas veces de un cuadro progresivo e imparable. Toda esa pérdida de función renal propia de la edad, y en cierto modo fisiológica, es mucho más grave en algunas personas, por la presencia de otras enfermedades o procesos que aceleran el deterioro. Los factores que más pueden incidir son la tensión arterial elevada, el exceso de peso corporal, una dieta muy salada, así como la presencia de determinadas alteraciones metabólicas o el consumo de ciertos medicamentos o sustancias tóxicas.

Un problema silente

Algunas personas presentan un cierto grado de insuficiencia renal sin llegar a sentir ningún síntoma. Esto puede ser causado por tener menos unidades funcionales o por perderlas demasiado rápido. El sistema renal sufre este problema en silencio; es decir, su deterioro no provoca tantos síntomas como sucede en otros órganos o sistemas, especialmente el cardiovascular o respiratorio.

Este es un problema común en los sistemas depurativos del cuerpo humano -además del riñón, también el hígado-. Son sistemas con una gran capacidad de resistencia. Soportan situaciones de riesgo y francamente malas sin dar síntomas muy manifiestos, pero ello no significa que funcionen igual cuando su situación no es óptima.

Es por este motivo que una limitación en la función renal o en la población de unidades funcionales provoca un peor control en el manejo de los líquidos y minerales corporales, con lo que se facilita la aparición de problemas añadidos, como la hipertensión arterial, que es otra anomalía que tarda mucho en avisar. Por otro lado, la pérdida de la capacidad de reserva funcional puede hacer que ante cualquier agresión o necesidad de un mayor esfuerzo del sistema depurativo renal se produzca con más facilidad una insuficiencia renal franca.

Este hecho se puede observar cuando aparecen enfermedades o se deben realizar determinadas actuaciones médicas, especialmente si provocan la utilización de medicamentos o generan sustancias que obligan a un mayor esfuerzo del sistema de de`puración renal. Además de esos problemas clínicos se advierte también la presencia de un cierto deterioro del sistema depurativo renal, al aparecer algunos marcadores analíticos en la orina, como sucede con la albúmina.

Examen en profundidad

Esta proteína no es filtrada por el riñón en circunstancias normales, ya que se trata de una molécula esencial para el mantenimiento del medio interno. Pero cuando hay un exceso se trabajo entre las unidades funcionales comienza a aparecer esa sustancia en la orina. Esta determinación es más sensible que la obtenida mediante un estudio de la orina con tira reactiva. Los niveles de esta sustancia se estudian con muestras de todo el día o analizando sólo la primera micción de la mañana. En caso de que el sufrimiento renal sea mayor pueden aparecer también otros marcadores bioquímicos en sangre.

Para un análisis en profundidade es necesario un chequeo renal, es decir determinar si realmente se conserva una capacidad de aclaramiento renal completa. Para ello debería hacerse un mínimo estudio analítico y determinar directamente o a través de fórmulas la posible presencia de una nefropatía subclínica.



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