El anuncio realizado ayer por el ministro español de Asuntos Exteriores de que la secretaria de Estado norteamericana visitará España antes de que acabe el año es, sin lugar a dudas, una buena noticia. Que las relaciones entre Madrid y Washington no atravesaban por sus mejores momentos era ya inocultable a la opinión pública, porque a las palabras de pretendida normalidad y simple discrepancia en asuntos puntuales no acompañaban unos gestos que se dilataban -especialmente por parte norteamericana- demasiado. Era ilógico, no ya que la relación entre el presidente Bush y Rodríguez Zapatero fuese sencillamente inexistente, sino que la propia Condoleezza Rice no hubiese pisado suelo español en ninguna de sus visitas a Europa. Ahora parece que el intenso trabajo desplegado durante casi dos años por Miguel Ángel Moratinos para tratar de restañar la desconfianza hacia el Ejecutivo de Zapatero comienza a dar sus frutos.
La entrevista entre Moratinos y Rice era el colofón al encuentro del Consejo España-EE UU, celebrado estos días en Tampa, en el que por parte española se había hecho un gran esfuerzo de acercamiento para ofrecer pruebas a Washington de que el Gobierno de Zapatero está dispuesto a cooperar en múltiples asuntos de interés común y a dar pequeños pasos para mejorar la relación, dejando atrás malentendidos y gestos poco amistosos. Rice ha terminado por apreciar estos esfuerzos y se muestra dispuesta a recomponer sus relaciones con un aliado europeo que le ha «impresionado» ahora por el grado de disposición a hablar incluso sobre cómo apoyar de la mejor manera al Gobierno iraquí.
En la relación entre Estados Unidos y España aún hay aspectos importantes que suavizar y que requerirán de nuevos esfuerzos desde la Política Exterior. Pero, en cualquier caso, la visita de Rice puede suponer un importante revulsivo para que se normalice una situación, la no relación entre ambos presidentes, que no debe prolongarse más tiempo.