La baja participación en el referéndum del nuevo Estatut en ningún caso cuestiona la legitimidad de éste. Pero sitúa en un primerísimo plano las debilidades del texto refrendado tanto respecto al anunciado recurso del PP ante el Tribunal Constitucional como de cara a la negociación punto por punto de las competencias y atribuciones que contiene entre el gobierno de la Generalitat que surja de las próximas elecciones y el Ejecutivo central.
La abultada abstención fue ayer el efecto de dos causas: la extenuante tramitación de un proyecto de reforma que ha acabado empujando a la indiferencia a buena parte de la ciudadanía catalana y la certeza de que el texto sometido a consulta contaría en todo caso con más votos a favor que en contra. El voto 'no' se situó muy por debajo de la representatividad que sumaron en las autonómicas de 2003 ERC y PP: un 20,76% frente al 28,4%. Pero si en el referéndum del Estatut de Sau en 1979 el voto favorable representó el 52,62% del censo, en esta ocasión no ha llegado ni siquiera al 37%. Si las noches electorales son pródigas en vencedores, el escrutinio de ayer y las caras de los protagonistas invitaban a pensar que todos habían perdido algo.
Con el resultado de ayer las próximas elecciones al Parlamento de Catalunya adquieren aún más importancia. Si una victoria del 'sí' sobre el 'no' tan clara hubiese ido acompañada por una mayor participación, el referéndum hubiera supuesto el regreso de Catalunya al bipartidismo CiU-PSC. Pero, a pesar de su particular fracaso a la hora de movilizar el 'no', ERC y PP encuentran en los límites evidenciados por los promotores del 'sí' un resquicio para mantener ciertas expectativas de voto. Maragall sale tocado del embite, pero el PSC tampoco puede prescindir de él. Artur Mas puede alegar que él está en la oposición, pero sus aspiraciones de gobierno no encontraron ayer el resultado más conveniente. Por su parte, ERC tendrá que elegir entre cebarse en Carod o apurar las oportunidades de la nueva convocatoria electoral. Está claro que el PP ha optado por convertir el resultado de ayer en argumento de oposición a Zapatero. Y éste tampoco podrá mirar hacia otro lado.
La elaboración del Estatut aprobado inauguró, como un ariete polémico, la serie de reformas estatutarias que el propio Rodríguez Zapatero animó en el momento de su investidura. Pero es probable que el resultado de ayer suscite un cambio en el orden de los factores. Por ejemplo, es difícil que sean las demandas catalanas las que determinen el sistema de financiación que habrá de negociarse entre las autonomías y la administración central en 2007. Más bien será el interés común que en materia financiera puedan definir el resto de las autonomías el que establezca el marco para la concreción del articulado aprobado en el referéndum de ayer. k. aulestia@diario-elcorreo.com