Milita en el equipo infantil del Club Deportivo Galdakao como defensa izquierdo y sueña con jugar en el Athletic. El miércoles, Alexander Bravo, diez años, y toneladas de ilusión por el balompie, se vistió de corto en Leipzig. Había sido 'convocado' en la alineación no oficial, la que acompaña a los jugadores de la selección española desde los vestuarios hasta el terreno de juego por un túnel interminable que parece va a perecer bajo el atronador rugido de las hinchadas.
El joven futbolista de Galdakao fue uno de los pocos afortunados que tuvieron el privilegio de tocar la hierba del Estadio Central de la mano de las 'estrellas' que defienden los colores de España en el Mundial. A los niños que acompañan al once titular al comienzo del partido se les llama escoltas. A él le hubiera gustado escoltar a Pujol, pero finalmente salió de la mano de Pernía.
Quizá por aquello de los nervios del debut, el del Getafe, se quedó mudo. «No me ha dijo ni una palabra pero yo sí. Le conté que jugué contra un combinado de Alemania y que les metimos nueve goles, que a ver si ellos hacían lo mismo». Al final también la selección se apuntó una victoria abultada. «Yo pensaba que iban a empatar como mucho», reconocía al final del encuentro. El chaval resultó agraciado en un sorteo organizado por una empresa de comida rápida. El premio, el mejor que le pueden dar a un hincha del fútbol. Codearse con los grandes. Y en un escenario de lujo. «El campo era enorme y estaba lleno de gente animando», recordaba. «Me he quedé afónico de animar», dice Alexander, que presenció el partido junto a su padre.