Una de las principales amenazas para la vista de las personas con miopías superiores a las seis dioptrías es un problema bastante común que los expertos llaman degeneración progresiva de la mácula. El miope comienza por perder visión en la parte central de su ojo hasta que una mancha negra invade la zona y las cosas comienzan a mostrársele retorcidas. Este era un problema que hasta hace muy poco no tenía solución terapéutica. Bilbao conoció ayer los resultados, muy positivos, de unos medicamentos llamados antiangiogénicos, que han comenzado a dar muy buenos efectos en este tipo de pacientes, según informó el catedrático gallego Francisco Gómez-Ulla, de la Universidad de Santiago de Compostela.
La mácula es la parte central del ojo, el punto donde se consigue la mayor agudeza visual. La miopía alta, como la edad, pueden deteriorarla hasta el punto de provocar graves problemas de visión. Entre un 5% y un 10% de los miopes de alta graduación -según datos referidos a Estados Unidos- acaban por padecer este problema. En la zona central del ojo comienzan a desarrollarse vasos nuevos (pequeñas venas) que amenazan con la pérdida de la visión. Los oftalmólogos llaman a este proceso neovascularización subretiniana.
La inyección de sustancias antiangiogénicas permite frenar la evolución de la enfermedad y recuperar parte de la vista perdida. El tratamiento se combina a menudo con fototerapia para el cierre de los vasos abiertos y suele bastar con tres pinchazos. «En un año se logran muy buenos resultados», dice Gómez-Ulla.