El Correo Digital
Viernes, 16 de junio de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Urbanización sin control
El informe del Observatorio de la Sostenibilidad 'Cambios de ocupación del suelo en España' acaba de confirmar con datos lo que ya era una sensación generalizada: el actual modelo de desarrollo urbanístico español es irresponsable e insostenible. Entre 1987 y 2000, el volumen de suelo construido creció un 29,5% y para 2010 el consumo de suelo para procesos artificiales podría aumentar hasta un 50%, a lo que habría que añadir los riesgos inherentes a este crecimiento: mayor consumo de recursos naturales, agua y aumento de emisiones de gases de efecto invernadero.

El 34% de la costa mediterránea está construida y, en un país en el que la escasez de agua es endémica, la superficie dedicada a los campos de golf aumenta cada año. En cuanto a la vivienda, España cuenta con la mayor tasa de Europa, una para cada dos personas, pero más de la mitad de los 800.000 pisos construidas en el último año sobrarían si nos atenemos a los datos de crecimiento vegetativo de la población española y los inmigrantes. Y a pesar de este desbordamiento de la oferta, una gran cantidad de ciudadanos, especialmente los jóvenes, no pueden acceder a un hogar por sus disparatados precios.

Entre tantos datos negativos, el documento también abre una puerta a la esperanza ya que reconoce que en España todavía existe un espacio privilegiado, y tiempo y alternativas para evitar su destrucción irreversible. Pero es necesario que se tomen nuevos rumbos en la ordenación del valioso patrimonio territorial disponible, utilizando los adecuados sistemas de planificación y participación social que nos lleven a una nueva cultura del territorio. Si España pretende convertirse en la Florida europea, habría que tener en cuenta que en los años 40 ese territorio norteamericano tenía 1,4 millones de habitantes y hoy supera los 17 millones. No se trata de frenar el futuro, sino de ordenar y planificar de manera adecuada todo ese crecimiento urbanístico y poblacional. Es algo tan sencillo como adecuar a ese crecimiento la prestación de los suministros básicos como el agua, los servicios sanitarios, la seguridad, el transporte y, sobre todo, la preservación de un medioambiente que es precisamente el que añade valor a nuestro suelo. Tan sencillo, y tan complicado, como crecer cuando es posible hacerlo.



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