Un responsable de la casa de subastas Christie's explicaba la matemática de la cosa. Para calcular el precio que alcanzarían en la puja los cerca de 900 objetos que los hijos de la fallecida princesa Margarita han puesto a la venta, había que multiplicar el valor real de cada objeto por el factor X, siendo X la palabra realeza.
El multiplicador era ayer muy grande. Algunos decían que la suma total recaudada por los hijos rondaría los 30 millones de euros; otros opinaban que llegaría a los 40. La venta tenía como objeto recaudar fondos para pagar los impuestos de la herencia, unos 5 millones de euros.
El mayor precio, casi 2 millones de euros, se pagó por un reloj de Fabergé. Por un collar que recibió cuando era una niña, y que Christie's evaluaba con un valor inicial de 2.250 euros, se pagaron finalmente unos 35.000.
Se subastaba un retrato de Pietro Arrigoni, que forma pareja con otro que el artista hizo de su hermana, la reina, así como sábanas delicadamente etiquetadas con la advertencia: 'Sin usar'. En cambio, se retiró de la puja un crucifijo que perteneció a la reina madre. Quizás por la intervención de la reina, que, según los cronistas palaciegos, habría mostrado reparos a la venta de algunos objetos, entre ellos varios obsequios que recibió Margarita por su papel como representante del Estado. Dicen que también el ex marido de la princesa, lord Snowdon, puso reparos a la venta de regalos de su boda.
Pero el vizconde Linley, hijo mayor de la fallecida, justificó la venta así: «Hay dos cosas importantes, que son crear cosas para el futuro de mi familia y cuidar a mis hijos en términos de su educación. Tenía que ser pragmático».
-¿O sea, que necesita dinero para pagar el coste de sus colegios privados?, le preguntaron. -«Yo no lo diría así, pero es cierto», repuso Linley.
Y todos tan contentos. Americanos, rusos y japoneses llenaron la sala de subastas. Más de mil compradores en potencia, febriles y adinerados.