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Jueves, 15 de junio de 2006
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Será cierto que nos vigilan mil ojos que no vemos? ¿Por qué será entonces que cuando eres víctima de una tropelía nunca hay un agente de la seguridad cerca que acuda raudo en auxilio? Ya es casualidad. Ddicen que en cuanto a porcentaje policial tocamos a un número considerable por densidad de habitantes. Es fruto del azar también quizás que en un largo viaje en coche hayas sido testigo de unas cuantas situaciones de auténtico peligro debido a infracciones de tráfico, y no has avistado en toda la ruta un guardián de la seguridad vial, de los que patrullan las peligrosas pistas de las competiciones sin premio ni galardón que se celebran a gran velocidad cada día en el asfalto.

¿Por qué será que los noticiarios inciden cada vez más en poner el acento en truculentos sucesos? Es tremendo, ya que presentan esa temible y fea cara de la realidad que te pilla más a mano, no la que se muestra de sitios lejanos en el área de internacional, no. Lo que te están contando que ha pasado en las últimas horas son situaciones horripilantes que le pasan al vecino, que le puede suceder a uno mismo en casa o saliendo a la calle sin más. Después de haber temblado al comprobar el alarmante estado del paisanaje, las cosas tremebundas que les acontecen a las gentes que exhiben en la telerrealidad, surge un nuevo fenómeno si cabe más inquietante: la realidad-tele. Nos ofrece grabada la paliza a un joyero una vez que han huido los atracadores.

Como no todo el mundo tiene la suerte de vivir cosas banales y aun horripilantes dentro de la pequeña pantalla, entonces se recurre al 'hazlo tú mismo', móntate un incidente que se salga de lo ordinario y fílmalo. Se agarra al mendigo bajo el puente, se le somete a una somanta de muerte, o se arma una gresca pandillera a puños y a cuchillo, y se filma. La sensación creciente de inseguridad parece que incrementa la vocación hacia el filme amateur, la propensión al rodaje de películas del más crudo realismo. Esperando a la autoridad invisible los vecinos optan por filmar cámara en ristre la violencia del barrio, la bronca navajera que toma las esquinas, el trapicheo estupefaciente, la trata de mujeres bajo sus balcones. La producción fílmica prosigue dada la fuente inagotable de guiones en que la inseguridad lleva el papel cantante.



Vocento
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