Debemos chequearnos la tensión arterial de forma periódica, ya que aunque no notemos nada extraño podemos estar sufriendo de hipertensión. La tensión elevada puede no producir síntomas, y sin embargo estar sometiendo al corazón a un trabajo excesivo. A partir de los 40 es cuando puede comenzar a darse este problema. Habitualmente no se halla una causa orgánica determinada -como puede suceder con las enfermedades renales o endocrinológicas- aunque sí se ha observado la influencia de diversos factores, como la presencia de antecedentes familiares, obesidad, sedentarismo, tabaquismo y otros hábitos tóxicos, o un consumo elevado de sal.
La tensión arterial puede ser en un principio oscilante y aparecer de forma más clara en algunas situaciones relacionadas con el estrés o nerviosismo. Sin embargo, el corazón empieza a sufrir cuando esa hipertensión arterial se hace presente con constancia. Esa afectación del corazón será mayor si aparecen otros factores como anomalías metabólicas -especialmente relacionadas con el colesterol y sus fracciones o similares más perjudiciales, las lipoproteínas de baja densidad-. De hecho, cuando se descubre una hipertensión arterial oculta ya se suelen observar cambios electrocardiográficos que indican la presencia de una hipertrofia ventricular.