Serbia se puede quedar con un hombre menos. Dusan Petkovic, hijo del seleccionador y convocado la semana pasada por la lesión de Marko Vucinic, dio la espantada el lunes por la noche. No es para menos. La presión le ha superado. Desde que se supo que su padre y técnico del combinado, Ilija, le había citado para el Mundial, la Prensa, antiguos jugadores y la hinchada les habían sacudido por todos los lados; a él y a su progenitor. «Es un escándalo», dijo el retirado capitán, Dragan Stojkovic. «¿Petkovic, haz regresar a tu hijo a casa!», le imploró el periódico de mayor tirada en Belgrado.
En principio, razones no faltaban a los detractores de esta decisión tachada de «nepotismo» por varios diarios. Para empezar, Vucinic, el lesionado, es un joven delantero centro del Lecce. Dusan, en cambio, se mueve en el centro de la defensa, aunque también puede jugar en el lateral izquierdo. Además, el 'pequeño' Petkovic, a sus 32 años, no participó en la fase de clasificación para el Mundial, y sólo cuenta con 12 encuentros con su combinado y un solitario gol. Es decir, un escaso historial y una posición opuesta al futbolista 'tocado'.
Defensa a ultranza
Pero nada de eso le importó al 'míster'. Cuando conoció que Vucinic, uno de los dos únicos montenegrinos que habían entrado en la lista para el Mundial, no llegaría a tiempo se decantó por su hijo. Había otras opciones: Krasic, del CSKA; Vukovic, del Udinese; y otro Petkovic, Dejan, aquel futbolista que jugó en el Madrid y ahora se faja en Brasil con cierto éxito, pero sin lazos familiares con el técnico. El amor de padre, sin embargo, le cegó. De hecho, pese a la tormenta de críticas se defendió a ultranza. «Necesitamos un central, que pueda jugar en la izquierda y Dusan puede hacerlo», explicó el técnico, dejando de lado que Serbia fue el grupo que menos goles recibió en la previa. «¿Para qué un defensa entonces?», se preguntaron muchos.
Por tanto, la justificación de Ilija, como era de esperar, no tuvo efecto. Tampoco que Petkovic júnior anotase el quinto de los seis tantos que Serbia marcó a un combinado austriaco de regional. Le seguían censurando. Los más radicales, incluso, le compararon con el seleccionador croata, Zlatko Kranjcar, que también ha llamado a su 'retoño'. Aunque hay una pequeña diferencia: Niko Kranjcar es titular indiscutible.
Harto, asustado y con la meta de restablecer el buen ambiente en la concentración balcánica, el lunes, en Feder, el cuartel general serbio en Austria, dijo basta. No esperó si quiera a montar en el avión para desplazarse ayer a Billerbeck, en Alemania. De madrugada, se reunió con directivos y se despidió. «Es demasiada presión para mí, para mi padre y para el equipo», debió decir. Hoy se explicará. Caso resuelto, pero el amor de padre puede dejar a Serbia con uno menos, aunque, de todos modos, mucho dicen que tampoco iba a jugar.