Juan Martínez de Irujo celebró a lo grande su victoria ante Aimar Olaizola. Al flamante campeón del Manomanista no le importa confesar que ayer se despertó pasadas las cuatro de la tarde «sin saber dónde estaba» y que lo hizo con resaca, «porque en la celebración me salté las normas, le pegué un poco al cava y al patxaran». Sin tiempo aún para asimilar el título logrado el domingo en el Atano III, el jugador de Íbero no sabe aún si está «en una nube o en otra galaxia». De lo que sí es consciente es de que la txapela del Manomanista le ha aportado «mucha serenidad de cara al futuro». Ahora es tiempo de descanso antes de enfrascarse en los torneos de verano.