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Domingo, 4 de junio de 2006
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SOCIEDAD
EL PERSONAJE

BLANCA PORTILLO
Después de Carlota
Después  de Carlota
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BIOGRAFÍA
Nació en Madrid el 15 de junio de 1963. Con diecisiete años ingresó en su primer grupo de teatro.

Comenzó a trabajar profesionalmente en obras como 'Cuento de invierno', de Valle-Inclán, 'Marat-Sade', de Peter Weiss, y 'Oleanna', de David Mamet.

En 1994 debutó en el cine haciendo un papel secundario en 'Entre rojas' de Azucena Rodríguez.

En 1997 recibe el Goya a la actriz revelación por su papel en 'El color de las nubes', de Mario Camus. Ese mismo año recibe el premio Ojo crítico de Teatro por su trabajo en 'No hay burlas con el amor', de Calderón de la Barca.

En 1999 comienza a interpretar a Carlota en '7 vidas'.

En 2004 gana el Max a la mejor actriz de reparto por su trabajo en 'Como en las mejores familias', de Agnès Jaoui y Jean Pierre Bacri.

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El pasado domingo, Blanca Portillo llegó a Cannes con el tiempo justo para recoger el premio a la mejor interpretación femenina. Había sucedido algo sorprendente: el jurado había decidido premiar a las seis actrices de 'Volver', el último filme de Almodóvar.

Nadie lo esperaba y las prisas provocaron una escena que no habría desentonado en una película del manchego: Portillo, Yohana Cobo y Lola Dueñas maquillándose en el avión que las llevaba, el mismo domingo por la tarde, de Madrid a Niza.

Desde el escenario de la Gran Sala Lumière Blanca Portillo agradeció a Almodóvar la oportunidad de trabajar con él y afirmó que era un honor estar allí. Aplausos y destellos fotográficos. No debemos olvidar que en Cannes los fotógrafos llevan traje oscuro y Ken Loach posa, puño izquierdo en alto, vestido con esmoquin. Puro 'glamour'. Si Portillo aprovechó ese momento de gloria para repasar su carrera, debió llegar a la conclusión de que no lo ha hecho nada mal. En pocos años ha dejado de ser una sólida intérprete de teatro y una solvente secundaria cinematográfica para convertirse en una de las actrices más conocidas del país. Escúchenlas: son las tintineantes campanillas del éxito.

Pero el éxito tiene sus inconvenientes y no es improbable que a Blanca Portillo sigan parándola en la calle llamándola Carlota. Se refieren, claro, a Carlota Pérez, la peluquera mandona e insegura que la actriz interpretó durante cinco años en '7 vidas', la popular comedia de Telecinco que elevó la neurosis a la categoría de género televisivo.

Da igual que, durante dos décadas, hubiese recorrido los escenarios de toda España. Ocurre que hoy el teatro es un arte sigiloso y tuvo que llegar el papel de Carlota para lanzarla a la fama. Concretamente a la fama televisiva, que es una fama multitudinaria y algo mostrenca. Una fama, en fin, que encierra su dosis de peligro. Para huir del encasillamiento, Portillo alternó su trabajo en '7 vidas' con las tablas, su gran pasión, e intentó alejarse lo más posible de las comedias chispeantes. Entre grabación y grabación, protagonizó obras como 'El sueño de una noche de verano', de Shakespeare, y 'El matrimonio de Boston', de David Mamet.

Fama y prestigio

En esa época también comenzó a significarse políticamente. Fue uno de los actores que lució con mayor insistencia la pegatina del 'No a la guerra'. Según ha explicado en muchas ocasiones, para ella el intérprete debe ser un ciudadano comprometido. El arte, en su opinión, es un poderoso instrumento de cambio social.

En 2004 decidió abandonar la comodidad de '7 vidas'. Dejó la serie, se trasladó a Buenos Aires y estrenó 'La hija del aire', una compleja obra de Calderón dirigida por Jorge Lavelli. En ella interpretaba a Semiramis, la reina de Babilonia, y al hijo adolescente de ésta, Ninias. Para representar este doble papel, que rebosaba violencia y dramatismo, se tiñó el pelo de oscuro y se cortó la melena. Sus rasgos ganaron en rotundidad. Su voz sonaba aún más contundente. Un cambio de imagen para un cambio de vida.

Blanca Portillo es una de esas actrices de teatro que parecen no dejarse impresionar por el brillo del cine y la televisión. Saben que, si esos medios dan fama, lo que ofrecen las tablas es algo más valioso: prestigio. Al regresar a España comenzó a representar 'Hamelin' con la compañía Animalario, esos campeones del compromiso escénico, y recibió tres ofertas cinematográficas de relumbrón. Por un lado, Agustín Díaz Yanes pensó en ella para interpretar al inquisidor Emilio Bocanegra en 'El capitán Alatriste'. Poco después, Pedro Almodóvar la escogía para interpretar a la Agustina de 'Volver'. Por último, Milos Forman la incluía en el reparto de 'Los fantasmas de Goya', junto a Javier Bardem y Natalie Portman.

No se puede pedir más. O quizá sí, un poco más de riesgo. Hasta hace unos días, Blanca Portillo dirigía en el Teatro Español 'Siglo XX que estás en los cielos', una obra de teatro protagonizada por dos fantasmas -un miliciano republicano muerto en la guerra y una joven yonqui fallecida en el Madrid de la 'movida'- que se representaba prácticamente a oscuras. Compromiso y una pizca de vanguardia. Y ni rastro de Carlota.



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