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Domingo, 4 de junio de 2006
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MUNDO
XU WENLI, DISIDENTE CHINO
«Lo peor de Mao no fueron los muertos, sino la degeneración moral del pueblo»
«Durante años, en aquella celda de aislamiento, mitigaba el sufrimiento observando arañas y mosquitos; aprendí mucho de los insectos», sostiene
«Lo peor de Mao no fueron los muertos, sino la degeneración moral del pueblo»
Profesor. Xu Wenli, sentado junto a su despacho en la Universidad de Brown, donde imparte clases de política. / a. furundarena
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INGENIERO Y EDITOR
Xu (apellido) Wenli (nombre), porque en China se escribe en ese orden, es el actual representante en el extranjero del Partido de la Democracia de China. Fue puesto en libertad condicional por motivos médicos el 24 de diciembre del 2002 y pudo exiliarse a Estados Unidos. Su salud se había deteriorado durante su reclusión y padecía hepatitis. Ingeniero eléctrico de profesión, tuvo un papel destacado en su país como editor de un diario.

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Nada hace suponer a simple vista que tras este jovial y locuaz profesor de 63 años se oculta una historia dramática de cárcel y tortura psicológica, una trayectoria heroica de lucha por la democracia. Xu Wenli, uno de los disidentes más emblemáticos de China, ha pasado más de quince años en prisión -cinco de ellos, en una celda de aislamiento- y conoce el alto precio que hay que pagar por oponerse a un régimen totalitario como el del Partido Comunista Chino. Exiliado junto a su mujer y su hija desde hace cuatro años en Estados Unidos, Xu, fundador en 1998 del Partido de la Democracia de China, reside actualmente en Providence (Rhode Island), donde imparte clases de política en la prestigiosa Universidad de Brown, y se muestra tan optimista sobre el futuro de su país como el más entusiasta de sus alumnos.

-¿Qué le ha parecido la reciente visita del presidente chino, Hu Jintao, a Estados Unidos?

-Ambos países están interesados en tener buenas relaciones, tanto por motivos económicos como por motivos geoestratégicos. Estados Unidos necesita el mercado chino, por eso ha puesto énfasis en la visita de Hu Jintao. Pero ¿quién es Hu? O, como decía un artículo de la prensa americana, con un juego de palabras: 'Who is Hu?' En realidad, el hombre que rige los destinos de China es alguien misterioso para Occidente. El Gobierno chino quiere presentar una buena imagen de la nueva generación de líderes. Y aunque en la superficie la visita parecía muy armoniosa y cooperativa, esa imagen fue desbaratada cuando Hu estaba dando un discurso delante de la Casa Blanca y una mujer le gritó recordándole los crímenes contra la humanidad que se están cometiendo aún en China. Esa imagen de Hu queriéndose ir para no escuchar y Bush tirándole de la manga de la chaqueta para obligarle a quedarse fue muy significativa. Destruyó la imagen de luna de miel que se pretende dar entre ambos países.

-Ya que lo menciona, ¿quién es Hu?

-Alguien que se ha criado bajo la jerarquía comunista. Ellos le han elegido como líder. No el pueblo, ni siquiera el partido, sino unos pocos dirigentes. Es una forma de elección totalmente antidemocrática y yo diría incluso que incestuosa. Como casi todo lo que nace del incesto, me temo que Hu es una criatura débil. Esa debilidad la mostró en su forma de reaccionar ante las protestas de aquella mujer, durante su discurso en la Casa Blanca. Si Hu fuera un presidente capaz e inteligente y no un títere elegido por un grupo de antidemócratas, habría sido capaz de asumir una crítica y demostrar así cierta madurez. Pero su reacción fue marcharse.

-¿No le ve como alguien capaz de llevar la democracia a China?

-No. Es más, Hu Jintao podría incluso empeorar la situación, porque no es un presidente capaz. Podrá hacer muy bien sus deberes y memorizar muy bien sus discursos, pero por la manera en que ha sido formado carece de cualquier iniciativa democrática. Además, antes de ser presidente fue comisario político. Es de una ideología monolítica y sin fisuras.

-Parece pesimista con respecto al futuro de su país.

-No, al contrario, soy bastante optimista. Y mi optimismo se basa también en Hu Jintao, quien en su visita a Estados Unidos reconoció que sin democracia no habrá modernización. Y es que ocurre que incluso alguien tan poco demócrata como Hu sabe que la idea de democracia está cada vez más arraigada en la mente de los ciudadanos chinos y ya se empieza a vislumbrar como algo imparable. En todo caso, Hu ya ha matizado que China no necesita emular a las democracias occidentales y que no adaptará completamente ese patrón.

-¿Espera volver pronto a su país?

-Soy optimista, y cuando el gobierno se reforme y se convierta en democrático volveré. Creo que hay muchos factores que indican que sólo es una cuestión de tiempo. Por un lado están las democracias de Taiwan y Hong Kong, que tienen su peso, por otro, la actividad de los demócratas que permanecen dentro de China. Además, está la propia transformación del sistema económico, donde cada vez hay más privatizaciones y gente que es propietaria, que empieza a hacerse rica y que lógicamente querrá tomar sus propias decisiones y defender sus intereses... Y esos diferentes intereses económicos se irán transformando en distintos intereses políticos, lo cual dará lugar a que el Partido Comunista tenga necesariamente que transformarse. Usted me pregunta cuándo espero volver a mi país y le respondo que si el Partido Comunista Chino es capaz de aceptar una reforma que incluya a otros partidos en las decisiones de gobierno, no llevará demasiado tiempo. De hecho, recientemente escribí una propuesta con directrices para esta reforma. Si esto se llevara a cabo, pienso que la democratización de China podría tener lugar en los próximos cinco años.

-¿De qué depende que se realice esa reforma?

-En gran medida, de los opositores al actual régimen. Y ahí soy optimista. Pensemos que actualmente en China hay alrededor de cien millones de seguidores y practicantes del movimiento Falun Gong. El Gobierno, por supuesto, trata de aplastarlos, pero son demasiados como para acabar con ellos. Otro dato es que los usuarios de Internet, que al principio debían ser como diez o veinte millones de personas, ahora se han multiplicado. Y no es tan difícil para ellos saltarse el 'cortafuegos' del gobierno y acceder a los medios de comunicación occidentales, lo cual hará que se robustezcan las fuerzas de la oposición.

-¿Qué sabe sobre las presuntas extracciones de órganos a prisioneros de Falun Gong?

-Existen testigos que lo aseguran y hay ejemplos que me llevan a sospechar que eso está ocurriendo. Por un lado, está el caso de un famoso actor chino, Fu Biao, que tuvo problemas gravísimos con su hígado y en un tiempo récord obtuvo un trasplante; algo increíble en una práctica que normalmente requiere mucho tiempo de espera. Otra curiosidad es que la operación se realizó en el hospital de la policía militar, que es justamente el estamento al que se acusa de las extracciones de órganos en presos. Y otro ejemplo es que se han descubierto 'webs' en las que se anuncia la facilidad para obtener órganos para trasplantes procedentes de China. Una de esas páginas de Internet asegura que puede absorber dos mil casos en un año. En las prisiones chinas, a los condenados se les ejecuta a disparos. Me consta que cuando aún están con vida, se les extraen órganos que luego son utilizados para trasplantes.

-Estamos hablando de una crueldad comparable a la de los nazis. ¿Habrá un 'Nuremberg' para estos criminales?

-En China hay un proverbio que dice: «Los crímenes serán castigados. Y si aún no lo han sido, es porque no ha llegado el momento». Es decir, todo llegará a su tiempo. La sociedad que sigue el movimiento Falun Gong es fuerte, extensa y tiene una determinación semejante a la de los judíos que sufrieron el Holocausto, así que creo que triunfará y acabará exigiendo justicia. China deberá abrirse para ser investigada. Espero que algún día eso ocurra.

-¿Ha leído el libro que ha escrito Jung Chang sobre la cara oculta de Mao?

-Sólo se ha publicado en inglés y yo aún no hablo este idioma, de modo que no he podido leerlo. Cuando la autora llegó a Estados Unidos a promocionarlo me invitó a una recepción, pero yo entonces me encontraba en la costa oeste y no pude acudir.

-Esta escritora sostiene que el día que el retrato de Mao sea retirado de Tiananmen, la democracia se abrirá paso en China.

-Estoy de acuerdo. Todos los líderes del Partido Comunista Chino siguen considerando a Mao su principal guía. El día en que realmente sea eliminado de la filosofía del poder en mi país, empezará a tomar forma la democracia. En mi opinión, lo más nefasto, lo más terrorífico del régimen de Mao no sólo son los millones de personas que eliminó durante su régimen, ni los terribles efectos de la Revolución Cultural, sino el poso que ha dejado en la mente de muchos de mis compatriotas, que creen que aquello no fue tan malo. Y peor aún es el grave deterioro moral al que ha llegado la sociedad china. Porque durante el largo periodo de Mao la gente tenía permitido mentir, matar, torturar... Y lo hacían sin remordimiento alguno, convencidos de que sus acciones tenían un buen fin: la revolución. Yo crecí con eso. Cuando era jovencito, en plena Revolución Cultural, a nosotros, como estudiantes, se nos animó a dar un castigo ejemplar a uno de nuestros maestros, acusado de capitalista. Yo pude mantenerme al margen. Pero vi como algunos de mis compañeros hicieron que el profesor se arrastrara por el suelo. Ellos iban escupiendo y le obligaron a tragarse todos sus escupitajos, uno a uno. Estaban convencidos de estar ejecutando una buena acción revolucionaria. Esa perversión moral, esa degeneración ética es a mi modo de ver la peor herencia del régimen de Mao.

-¿Falun Gong puede contribuir a regenerar la moral del pueblo chino?

-Todo depende de la orientación que tome ese movimiento de aquí en adelante. Si lo que subyace en él es una ambición política y pretende convertirse en la religión nacional de China o algo así no creo que favorezca demasiado a la renovación democrática que necesita mi país. Si por el contrario, se limita a ejercer como un movimiento filosófico y espiritual, entonces sí traerá buenos y grandes beneficios. Porque lo que predica es la meditación y la purificación del espíritu y esa es una filosofía sana y positiva. Las corrientes como Falun Gong se basan más en la fe que en la razón. Si intentara aprovechar esa fe de sus seguidores con propósitos de poder político, está claro que no contribuiría precisamente a implantar la democracia en China. Sería más de lo mismo.



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