- Un activista como usted ha 'visitado' frecuentemente los tribunales de Justicia ¿En qué momento 'procesal' se encuentra ahora?
- Estoy condenado a cuatro meses de prisión y la sentencia ha pasado ahora al Tribunal Supremo. Estoy esperando la decisión definitiva, que posiblemente será de confirmación, por lo que normalmente en el mes de diciembre tendría que ir a la cárcel a cumplir esa pena.
- ¿Pasaría, entonces, la Navidad en prisión?
- Es muy posible.
- Esa sentencia es consecuencia de destrucción de cultivos transgénicos.
- Fue una acción realizada en julio de 2004, por la que fuí condenado con otras nueve personas, entre las que se encuentran un diputado francés y un vicepresidente del Parlamento europeo, que recibieron tres meses. La acción fue la consecuencia de no tener ninguna posibilidad legal de actuar contra ese tipo de cultivos. Fue un hecho muy importante porque era la primera vez que personas de esa categoría participaban en acciones de desobediencia civil.
- ¿Se siente usted un delincuente?
- No me considero un malhechor. Actuamos en defensa del interés general ante la imposibilidad de conseguir cambios legales que modifiquen una situación que rechaza la mayoría de la población, que condena los cultivos transgénicos y, sobre todo, defiende la diversidad de la agricultura. Y es que si los transgénicos se extienden en el campo, el resto de formas de agricultura serán imposibles a causa de la polución genética. Por otro lado, tras mi condena, otros dos tribunales han juzgado casos similares con 49 personas implicadas, y les han dado la razón porque había un riesgo grave e inminente para el interés general, que consideraron más importante que el particular.