El Correo Digital
Jueves, 1 de junio de 2006
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LA RIOJA
Aitor y Christian Aldeondo son dos de los vecinos más ilustres de Andosilla. El primero, porque ha llevado el nombre del pueblo por los mejores estadios de España. El segundo, porque tras un largo perigranaje por el fútbol regional volvió a casa para subir al River Ega de Primera Regional a Tercera. Esta temporada han roto el saco y han convertido a Andosilla en el pueblo del gol. Aitor ha sido el máximo anotador del grupo riojano de Tercera con 29 tantos. Su hermano pequeño no ha querido ser menos y ha tenido ese mismo honor en el grupo navarro, donde ha anotado 22 dianas.
Andosilla es un pueblo que vive y siente el fútbol. Tiene algo más de 2.000 habitantes, pero puede presumir de que tres de ellos han jugado en Primera División. El pionero fue Mariano Azcona, que llegó a jugar en Osasuna y en el Sant Andreu. Luego le tocó el turno a Aitor Aldeondo, que militó en la Real Sociedad. Ahora, la fiebre del fútbol en Andosilla la provoca Carlos Gurpegui, en el Athletic de Bilbao.
Es difícil encontrar una efectividad similar en el resto de equipos que han configurado la Segunda B -si acaso el Lemona que con 27 goles a favor ha sumado 53 puntos-, pero lo que nadie le puede negar al Alfaro es que con su bagaje de 26 goles a favor -el segundo peor detrás del Logroñés CF, con 24- ha sabido rentabilizar y de qué manera este déficit. El mismo Patxi Bronte recalca que «el problema de ver portería nos ha matado porque de lo contrario la temporada hubiera sido magnífica», de ahí la falta de motivaciones en el final de campaña.
Vidas paralelas. Eva Eugenio ha crecido, desde los quince años, a la misma velocidad del Vinos Buenaventura. Se integró en la base del club, aún en proceso de formación desde la base del Ciamar, como cadete. Y once años después ha visto culminada su trayectoria deportiva rozando el ascenso a Superliga, donde habría culminado un periplo que se ha consolidado peldaño a peldaño. La única jugadora de casa que sobrevive al proyecto del Voley Haro hace repaso, a sus 26 años de edad y desde sus 176 centímetros de altura, de una campaña histórica que obliga a mejorar rendimientos. Es la esclavitud del triunfo.

Vocento