Me fascinaba el Tragabolas Loco. Era irresistible apretar aquel disparador y ver cómo el cuello del hipopótamo salía despedido con aquel sonido ¿clack! ¿clack! ¿clack! e intentaba atrapar todas las bolas de la plataforma mientras uno gritaba y gritaba... Era fascinante. Y aún lo es.
Me sorprendió ver el otro día una fotografía del juguete en Internet. Se me pusieron los pelos de punta, casi me da un vuelco el corazón e indagué algo más... Geyperman, Madelman, Sobres Sorpresa de Montaplex, Tente, Airgam Boys, Cliks de Famóbil ¿Los juegos de los ochenta están vivos! La Red ponía a mis pies la posibilidad de recuperar mi infancia y disfrutar de aquellos juguetes como siempre lo había hecho.
Pero cuando fui a contar mi descubrimiento a colegas y compañeros de primeras infancias observé que ya todos lo habían visto, que todas habían entrado en esas mismas páginas, que incluso uno había comprado aquel Airgam Boy con el careto del Capitán América. Y seguí tirando del hilo y descubrí que un par de artistas habían utilizado piezas de Tente en una exposición, y que hay un grupo musical que se llama Madelman y que en algunas tiendas Made in China se venden Sobres Sorpresa... No caí en una crisis de llanto, pero me atreví a rebuscar entre los discos de vinilo que aún poseo y pinchar a todo volumen un LP completo de Parchís. Los juguetes de los ochenta salen de la memoria para desfilar, como las muñecas de Famosa, por el frío filo de la tendencia. Echen un vistazo en la Red. No somos nada.