Kilómetro 47. Última subida dura. Rampas del 14%. Un muro de arena y roca. El calor aprieta. Varios ciclistas permanecen tumbados fuera del camino. Estiran sus rígidos músculos para combatir dolorosos calambres. Otros, simplemente se bajan de la bicicleta y empujan cuesta arriba su montura. Se han rendido a la crudeza de la montaña. El resto del pelotón avanza a paso lento hacia la cima, ignorando a los que han claudicado. Y, en medio del rosario de corredores de múltiples colores y maillots de distinto padre, destaca un grupo uniformado con la misma elástica verde de FIBANC, que pedalea en bloque hacia la meta. Nada puede detener al equipo de enlaCe.
La improvisada escuadra la formaron Sergio Muñoz (Trapagaran), Miguel Rodríguez (Amorebieta) y Jonan Perón y Amaia Fernández (Bermeo), que fueron los lectores afortunados en el sorteo que EL CORREO realizó hace dos semanas entre los casi cien interesados en participar en Cabrerés 2006 (Girona), la marcha popular de mountain bike más prestigiosa de España. Un maratón de esbeltos picos, impenetrables bosques mediterráneos, descensos suicidas y 4.000 valientes ciclistas.
La aventura arrancó el sábado de la pasada semana en Bilbao, con la reunión de los lectores. Besos en la presentación y nervios por la magnitud del reto al que se iban a enfrentar. «A ver cómo nos va, porque yo nunca he hecho tantos kilómetros de bicicleta», apuntaba preocupada Amaia, licenciada en empresariales y profesora de 'spinning'. «No te preocupes, que acabas seguro», la tranquilizaba Miguel, que en su tiempo libre organiza eventos deportivos en Amorebieta.
Tras un viaje de seis horas en una furgoneta cedida por AVIS, en que algunos de los miembros del recién constituido equipo enlaCe aprovecharon para echar una cabezada, arribaron a Manlleu (Girona). Descargaron sus equipajes y bicicletas en el hotel, y, apenas media hora más tarde, los afortunados lectores ya deambulaban por el recinto ferial del Cabrerés. «Esto está muy bien organizado, puedes encontrar de todo en estos 'stands'», apuntaba Sergio.
«¿Son ustedes los que vienen a correr con EL CORREO? ¿Ay, qué idea más buena!, ¿qué ilusión nos hace que se acerquen al pueblo de L´Esquirol!», aseguraba un miembro de la organización, que recibió con los brazos abiertos al grupo.
Diana a las seis
Al día siguiente, la diana suena muy temprano: a las seis de la mañana. En el desayuno, se escuchan comentarios sobre la victoria de los finlandeses Lordi, en el Festival de Eurovisión. Se quiere rebajar la tensión. Hay muchos nervios.
Pero la incertidumbre desaparece tan pronto como se da la salida. La representación de enlaCe decide rodar junta, como un equipo. Si uno pincha, el resto espera. Si alguno se detiene para beber, la escuadra bebe con él. «Eso ha sido lo más bonito», constató Jonan, al final de la prueba. «Para mí ha sido muy especial. He experimentado sensaciones como cuando tenía dieciocho años y viajaba para competir en atletismo», apuntó Miguel.
Los kilómetros pasan y los nervios se evaporan. Ahora sólo resta disfrutar, pese al gran esfuerzo físico que requiere la prueba. «Es una gozada, me encanta este deporte», apunta Amaia, emocionada. En los escasos tramos de asfalto, la profesora de 'spinning' machaca los pedales a un ritmo que a sus compañeros les cuesta seguir. En los descensos, es Miguel quien pone la carne en el asador. Jonan, el escudero fiel y Sergio, el 'manitas' que todo lo arregla, completan un cuarteto de lujo. Forman un buen grupo, una escuadra batalladora, solidaria: el equipo de enlaCe. La clasificación es lo de menos. En Cabrerés es suficiente con acabar. Y ellos lo hicieron.