El estado de la economía en el País Vasco es un tema recurrente al que volvemos una y otra vez. Como casi todo lo que se debate entre nosotros, tampoco la economía es neutral, lo que conduce a un sinfín de curiosas contradicciones generales. Por un lado, los que más se esfuerzan en cantar las bonanzas del sistema en el que nos movemos, los nacionalistas, son los que más empeño se toman en cambiar todo el modelo de relación con el entorno; y los que más dudan de su eficacia, los constitucionalistas, son los que demuestran una férrea voluntad de dejar las cosas tal y como están.
El lehendakari es un buen ejemplo de estas habituales contradicciones. Como es natural en todo gobernante, canta sin desmayo las excelencias de su gestión y se vanagloria de los avances conseguidos. Pero la voz se quiebra cuando llega ahora el momento de discutir el Cupo que pagamos al Estado. Si hemos avanzado tanto en relación con los demás, no tendremos más remedio que modificar al alza nuestro porcentaje de aportación al Estado; y, a 'sensu contrario', empeñarnos en mantenerlo inalterado es la mejor demostración de que avanzamos, sí, pero lo mismo que los demás.
Dos de los argumentos clásicos utilizados en la refriega -la última vez que se los oí fue en la reciente asamblea de Cebek- son que nunca hemos vivido tan bien como ahora y que nuestra renta per cápita ha subido tan alto que ya sólo nos superan cuatro países europeos. Ambos argumentos son ciertos, pero bastante inútiles y muy poco relevantes; y, por más que se repitan, no mejoran su calificación. Son poco relevantes porque lo primero ocurre aquí, en toda la geografía española y en casi todo el mundo fuera de África. Si han viajado recientemente por cualquier lugar, convendrán conmigo en que todos ellos han mejorado, y mucho, en los últimos años. Basta darse un paseo por Madrid, por Valencia, por Sanlúcar de Barrameda o por Gumiel de Hizán para comprobarlo. En lo segundo, las comparaciones hay que hacerlas de manera homogénea si deseamos que sean útiles. Medirnos con Italia tiene un sentido muy relativo ya que, como es obvio, en sus estadísticas se incluyen tanto a la Lombardía como a Sicilia, a Bolzano como a Calabria.
Por esa razón, y sin otro ánimo que el de centrar las cosas, me parece interesante resumir la información que acaba de publicar la oficina estadística de la UE referida a la situación de las 254 regiones en que se divide. Aunque los datos llegan con un cierto retraso -se refieren al año 2003-, allí veremos que en la clasificación del PIB por habitante ocupamos un dignísimo 45º lugar. Es dignísimo, pero es el 45. Para mi sorpresa, la lista informa que superamos el PIB per cápita de lugares, otrora riquísimos, como pueden ser Hannover, Dusseldorf, Colonia, Toscana, Liguria o cualquier región francesa que no sea L'Ile de France.
También conviene recordar que las referencias 'per cápita' nos salen siempre bien, dado que nuestra población está estancada, lo cual considero algo lamentable y perjudicial para el futuro. Por eso deberíamos estudiar los datos que se refieren al PIB total, lo que nos proporciona una mejor imagen de la importancia real de una economía. En esa clasificación seguimos bien colocados, aunque descendemos hasta el lugar número 67. Se puede decir, y se dice, de otras maneras, pero pienso que la más veraz es que somos la 67 región más importante de toda la Unión Europea en el terreno económico. Sinceramente, no me parece poco.