No hay más remedio que rendirse a la evidencia. Por lo visto ayer en las exhibiciones previas al inicio de Roland Garros, Rafael Nadal y Roger Federer constituyen el binomio de máximos favoritos. Había que haberles observado en la central para comprender que sus recursos son de otro planeta. El líder mundial, en partido al mejor de un set, superó al siempre agresivo americano James Blake por 7-6 (10-8). Ambos repartieron golpetazos con la raqueta por doquier. El público se apasionó.
Algunos tildaron ese duelo de una especie de pachanga. De eso nada. La dificultad del juego de ambos no está al alcance de cualquiera. También Rafael Nadal, que primero se entrenó con Robredo, solventó otro encuentro espectacular, por la potencia de los golpes, con un favorable 6-4 ante el argentino Juan Mónaco, empeñado en soltar el brazo sin reservas para largar la bola a más de 170 kilómetros por hora.
El español sale a defender su título, aunque no aparecerá en escena hasta mañana para vérselas con el sueco Robin Sonderling. Los dos primeros del mundo siguen respetándose. Nadal volvió a insistir que repetir el triunfo será muy complicado y Federer, que considera al balear favorito, no ha ocultado la posibilidad de que esta vez le salga todo rodado. El caso es que el de Manacor tiene al alcance de su raqueta establecer un nuevo récord de 54 victorias consecutivas sobre pistas de tierra batida.