Guillermo Fesser y Juan Luis Cano componen Gomaespuma, el dúo que ameniza diariamente la tarde radiofónica con noticias y humor. Paralelamente, los dos se han embarcado en la puesta en marcha de una fundación que pretende consolidarse en el ámbito de la solidaridad, propósito muy serio que no se contradice con su estilo ágil y divertido. «Porque es posible trabajar con compromiso y pasarlo bien; no se trata de ir a fastidiar a los pobres, vamos, que, además de que son pobres, se aburran», afirman.
Fesser ha estado en Bilbao participando en un concierto benéfico organizado por Ana Basilio, colaboradora de la entidad. «Si alguien quiere apoyarnos y montar un evento, independientemente del nivel, nos interesa», asegura. Este tipo de actividades constituye ya un signo de su entidad, caso del festival de flamenco que tiene lugar cada año en Madrid. «No creemos en la caridad, sino en la solidaridad y el compromiso», aduce. El recital pretende recaudar fondos, pero también difundir este tipo de música entre los más jóvenes y demostrar que no es algo lamentable y obsoleto, «sólo para palurdos y boina de rosca».
La creación de la fundación partió de su inquietud por salir del estudio, compartir la experiencia de la calle y aplicarla a causas interesantes, sobre todo relacionadas con el ámbito educativo. El primer proyecto fue la esponsorización de una escuela en la India hace diez años. «Pero la persona en la que confiábamos y que pensábamos que estaba entregada a los demás, sólo estaba entregada a sí misma», lamenta el humorista. A partir de esta decepción, decidieron establecer una organización propia para acometer proyectos. «Con transparencia y sentido, no para tapar agujeros de vez en cuando».
Sin desinflarse
Entre otras iniciativas, colaboran con una ONG nicaragüense en su trabajo con 180 niños que acompañan a sus padres, vendedores en el mercado de Managua. Les proporcionan escolarización y alimento y también sensibilizan a los que frecuentan el lugar para que comprendan que los chavales no son una molestia, sino otras víctimas de la miseria, y que hay que protegerlos de la droga o el abuso sexual.
También en Nicaragua, han comprado una huerta para proporcionar sustento a un orfanato y apoyan una radio comunitaria. «Queremos crecer despacio, sin hacer cosas grandes que luego se desinflan», advierten. Han llenado con sus propias manos un Jumbo 747 para las víctimas de los huracanes y enviado gafas a Mauritania, pero su intención es despersonalizar la organización. «Nuestra función es llenar el escenario y que la gente se rasque el bolsillo. Somos relaciones públicas pero no queremos ser protagonistas, para que puedan venir otros sin que ocurra nada malo con el cambio», explican.
Ana se ha autoimpuesto una cuota y se ha convertido en socia, aunque la fundación aún no contempla esta figura. «Pero lo haremos este año», apunta Fesser. «No queremos que los colaboradores nos den dinero porque les hacemos reír, sino por la seriedad y fiabilidad de nuestras actividades».
No se prestan a cualquier aventura para conseguir fondos, aunque el humorista no quiere descalificar todo tipo de festival o maratón solidario. «El fin justifica los medios, cualquiera que sea la razón que lleva a un famoso o a un pedorro a apoyarlo».
A su juicio, el tiempo invertido en sensibilizar resulta más importante que el dinero que se pueda recaudar mediante una cita puntual. «Tenemos que ser conscientes de que existe un grave problema en el mundo y pasar esta inquietud de padres a hijos, no quedarnos con aquel 'qué se le va a hacer' de antes», defiende. «Debemos saber por qué ocurren las cosas y eso provocará los cambios, antes de que la injusticia derive en una gran explosión social», concluye Fesser.