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Los sindicatos alertan en el Parlamento vasco sobre el «deterioro» de la Sanidad
Todas las agrupaciones coincidieron en demandar una oferta de empleo superior a 4.000 plazas
Los sindicatos alertan en el Parlamento vasco sobre el «deterioro» de la Sanidad
VITORIA. Pacientes esperan en el ambulatorio de La Habana. / NURIA GONZÁLEZ
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Las reivindicaciones de los sindicatos de Osakidetza alcanzaron ayer el Parlamento autonómico. Las seis agrupaciones con representación en la mesa sectorial comparecieron ante la Comisión de Sanidad, a petición del PP, para realizar su diagnóstico de los males del sistema vasco y proponer posibles líneas de tratamiento que los curen. Aun con las divergencias de enfoque previsibles en ideologías y grupos profesionales tan diferentes, los delegados coincidieron al milímetro en el núcleo de sus exposiciones: a lo largo de siete horas, se escuchó hablar repetidamente de falta de personal, incremento de cargas de trabajo, envejecimiento de plantilla y «deterioro», en definitiva, del propio sistema y del servicio que presta.

La primera en dirigirse a los parlamentarios fue Encarna de la Maza, del sindicato de enfermeras SATSE, una de las agrupaciones que protagonizan el enfrentamiento más abierto con la dirección de Osakidetza. Su visión «real» de la Sanidad -«catastrofista», según el portavoz del PNV- incidió especialmente en la edad de la plantilla de Osakidetza, con una media que ronda los 50 años: «Hubo un tiempo en el que podíamos sacar la carga de trabajo a base de juventud -afirmó-, pero en una década la plantilla ha envejecido y la población también». Además, subrayó la «urgente» necesidad de «dignificar» la enfermería a través de una valoración de puestos de trabajo y un complemento específico y reclamó el aumento de plantilla a través de una oferta pública de 8.000 plazas.

La «cenicienta»

La intervención de Kepa Urigoitia, del Sindicato Médico, era la más esperada: su agrupación promovió las huelgas del año pasado junto a ELA y SATSE, pero se ha descolgado de las protestas de este año. Y, sin embargo, su radiografía del sistema también abundó en puntos críticos, que achacó a una política sanitaria «de ahorro» y «de inversiones por debajo de las necesidades». Urigoitia recordó que el gasto sanitario per cápita de Euskadi se sitúa en el quinto lugar de la tabla autonómica, mientras que el porcentaje del PIB destinado a este campo queda un punto por debajo de la media española: «Los dirigentes no deben preocuparse cuando se ocupa el último lugar, sino antes, cuando se empiezan a perder puestos en el 'ranking'», afirmó.

Urigoitia aseguró que el poder adquisitivo de los trabajadores se ha reducido un 15% en una década, mientras la demanda sanitaria crecía «de manera exponencial», generando una «sobrecarga» que se detecta sobre todo en la «cenicienta» del sistema, la Atención Primaria. Para solucionarlo, abogó por una oferta superior a las 4.000 plazas, ya que «es posible sacar más». También manifestó sus objeciones al desarrollo profesional de los facultativos -por su «subjetividad» y sus criterios de «productividad, eficiencia y compromiso con la organización»- y alertó sobre la fuga de especialistas: «No basta con formarlos si se topan con ofertas laborales nada apetecibles. Un médico de Atención Primaria, en Reino Unido, gana el triple que aquí con carrera profesional incluida».

Cansancio y frustración

La representante de UGT, Arantza Agote, se quejó del «retroceso y la confrontación a los que lleva la consejería», a la que acusó de incumplir los acuerdos del año pasado, si bien apostó por la negociación. En su análisis, centrado en la falta de plantilla y las cargas de trabajo, figuraban también cuestiones como la privatización «sibilina» de servicios, el «tacañeo» de dinero a los eventuales o la manera «traumática» en que se está afrontando la euskaldunización. UGT entiende que, para dar «la atención de calidad que se demanda», haría falta una oferta de 6.000 plazas. También Pilar Ortega, de CC OO, criticó que «no se hayan llevado a cabo» algunos compromisos alcanzados el año pasado. Según el diagnóstico de su sindicato,«Euskadi es una de las comunidades autónomas más ricas de España, pero tiene uno de los gastos sanitarios más pequeños».

«Hay una tónica general de cansancio y frustración en los trabajadores», lamentó Izaskun Garikano, de ELA, el otro sindicato más significado en los actuales enfrentamientos con Sanidad. En su intervención, ya por la tarde, señaló que algunos déficits del sistema se están volviendo «casi estructurales» debido a una «ineficaz gestión de los recursos». Garikano mencionó las listas de espera «excesivas», la «saturación» de la Atención Primaria y el «colapso» de las urgencias. «Hay que decidir qué sistema sanitario se quiere para ver cuánto hay que invertir», resumió.

A LAB le correspondió el último turno en la maratoniana comisión. Su representante, Mati Iturralde, prescindió de datos reiterativos y apostó por ir al «quid de la cuestión», una política sanitaria «que favorece la privatización, la autoconcertación y la externalización». Además, tachó de «escasísimo y tardío» el decreto de euskaldunización. «El sistema está en crisis y no se soluciona con arreglillos», concluyó.



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