En su primera visita a la Casa Blanca como presidente del Gobierno de Israel, Ehud Olmert comprobó cómo privada y públicamente la Administración Bush le insistió en que mantenga «serias conversaciones» con el presidente palestino Mahmud Abbas (Abú Mazen). Como aceptable alternativa de entendimiento con una ANP, en estos momentos dominada por el grupo radical Hamás y sometida a un boicot por parte de EE UU, la UE y también Israel.
Esta evidente insistencia de la Casa Blanca para que Israel no deje de buscar interlocutores palestinos ha sido provocada por los planes judíos para una retirada adicional de la mayor parte de Cisjordania. Olmert, en el Gabinete del primer ministro Ariel Sharon, ya jugó un papel importante en la salida de Gaza y partes de Cisjordania organizada el año pasado. Mientras que el Ejecutivo que ahora preside prepara una costosa y polémica segunda evacuación para establecer en los próximos cuatro años unas definitivas fronteras para Israel.
En buena parte, la visita de Olmert a Washington estuvo centrada en estos planes para Cisjordania que comprenden la construcción de una barrera que del lado israelí abarque una serie de grandes asentamientos, eliminando los puestos más aislados en la parte palestina. Ante la falta de reconocimiento internacional hacia una frontera declarada de forma unilateral y rechazada por la ANP, para Israel resulta especialmente importante el respaldo de la Casa Blanca.
Ante la insistencia estadounidense de buscar una solución negociada, Olmert ya avanzó a la cadena CNN, antes de llegar a Washington, que el presidente palestino aunque es una persona respetable ahora «no tiene ni el poder para tomar las riendas de su propio Gobierno». Aún así, el fin de semana, Abú Mazen se reunió con la ministra hebrea de Exteriores, Tzipi Livni, en el Forum Mundial Económico celebrado en Egipto.
Durante su extensa agenda de trabajo en Washington, Olmert tendrá acceso a todos los altos cargos de la Administración Bush y disfrutará de la oportunidad de pronunciar hoy un discurso ante una sesión conjunta del Congreso federal. Durante su encuentro de 35 minutos con Donald Rumsfeld, la cuestión central fue el desafío nuclear planteado por la teocracia de Irán con su programa de enriquecimiento de uranio. El Gobierno israelí, que dispone de un sofisticado pero secreto arsenal atómico, considera inaceptable la idea de que el régimen de Teherán se haga con estas armas no convencionales.
Contencioso iraní
Con un cierto tono de urgencia, Olmert insistió en que Irán va a cruzar en cuestión de meses el umbral para poder desarrollar cargas nucleares a su antojo. Aunque el Pentágono optó ayer por un tono carente de premura, limitándose a indicar que «Irán es un país de preocupación al que nosotros tenemos que prestar atención». Además de confirmar que Washington seguirá compartido información con Israel sobre este pulso internacional.
La visita del primer ministro israelí a Washington coincidió con el abrumador pronunciamiento de la Cámara de Representantes a favor de prohibir la asistencia a la ANP, cualquier contacto diplomático con Hamás e incluso la entrega de visados a miembros de un Gobierno que según el Congreso de EE UU ahora se encuentra dominado por terroristas. La Casa Blanca, que ya ha bloqueado subvenciones al Ejecutivo de los radicales, ha criticado este proyecto legislativo como innecesario y excesivo. Mientras, el Senado contempla una versión menos restrictiva.