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Martes, 23 de mayo de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
¿Y ahora qué?
¿Y ahora qué?
La actitud de la afición ha sido clave en la salvación. / EL CORREO
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Rompo una vieja máxima periodística titulando con una frase interrogativa, aunque en el subgénero del artículo de opinión la libertad sea un signo del estilo. Libre y directo. Ese era el compromiso adquirido a la hora de sentarme ante el ordenador al comienzo de una temporada que ha resultado ser la más triste de la centenaria historia de nuestro querido Athletic. Triste, que no convulsa, gracias a la ejemplar línea mantenida por la afición de San Mamés, que ha brillado a una altura sideral interpretando como nadie los tiempos y las reacciones adecuadas en cada momento. Su emocionante ejemplo de fidelidad, apoyo, madurez y elegancia no era sinónimo de conformismo o complicidad con la línea oficial. El sábado quedó meridianamente claro. Para aquellos a los que se les llena la boca hablando de sentimientos y poniendo carteles al prójimo, fue toda una lección. La afición de San Mamés habló, sí. Alto y claro.

Éste ha sido un triste viaje del placer al deber. Un peligro sobre el que advertíamos en nuestro primer artículo allá por septiembre. Lo que tuvimos que soportar por ser fieles a nuestros principios en aquellas fechas, mejor lo dejamos. Pero creo, como afirma Gabriel García Márquez, que «lo más importante que aprendemos a los 40 es a decir que no cuando es que no». Hemos asistido a una catarata de polémicas decisiones, tan arriesgadas como innecesarias, sólo entendibles desde el deseo de hacer tabla rasa en un club que nunca ha llevado bien estas exhibiciones de personalismo visionario. ¿Si hasta algunos jugadores han declarado públicamente que la mala planificación deportiva de la pretemporada ha sido una de las claves de un curso agónico e insufrible! Una plantilla competitiva e ilusionada, unida bajo la bandera del fútbol, se convirtió en apenas unas semanas en un plantel de atribulados actores secundarios sin libreto en busca de un personaje a su medida. No es de extrañar que aprovecharan la última jornada para portar un cartel con un gigantesco 'Eskerrik asko' que, así y todo, se quedaba muy, pero que muy pequeño.

No me resisto a mostrar mi humilde reconocimiento, como socio y como periodista, a la inmensa mayoría de los medios de comunicación de Bizkaia, que han estado a la altura de las circunstancias en un ejemplo de equilibrio entre la práctica de la libertad de expresión y el sentido de la responsabilidad y el decoro. En algunos casos, han aguantando lo que no está en los escritos con un estoicismo digno de tan importante causa. ¿Se imaginan lo que hubiera pasado en Madrid, Valencia o Sevilla en una situación similar? Mejor lo dejamos. De nada.

Ahora llega la hora de la reflexión. Lamikiz y su equipo se encuentran ante una encrucijada. Pueden enrocarse en la línea de disparar contra el pianista, lanzar balones fuera, o inventarse conspiraciones en la sombra dignas de la pluma de John Kennedy Toole. Un viaje a ninguna parte. O pueden animarse a realizar un poco de autocrítica y sentar las bases de una gestión que busque la unión y la paz social, apagando los rescoldos del incendio provocado por una política equivocada. Un incendio sobre el que los socios hemos estado echando cubos y cubos de agua mientras asistíamos, entre indignados y abochornados, al asombroso espectáculo de ver cómo algún bombero ejercía el sorprendente papel de pirómano a bordo. Tienen argumentos, entre ellos un estupendo contrato televisivo por cuya firma me siento especialmente feliz, para intentar construir un futuro que destierre prácticas de crispación y división que resultan especialmente inoportunas y rechazables en el actual contexto histórico que vivimos en este maravilloso país nuestro. El Athletic no es un coto privado. Es patrimonio de todos los que lo sentimos como propio. También, obviamente, es de ustedes.



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