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Lunes, 22 de mayo de 2006
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POLÍTICA
POLÍTICA
El presidente avala la mesa política pero supedita cualquier reforma a la legalidad
No pone fechas al foro y asegura que los vascos decidirán su futuro desde el respeto al ordenamiento constitucional Dice a Batasuna que sólo cabe dialogar con «la palabra»
El presidente avala la mesa política pero supedita cualquier reforma a la legalidad
RECIBIMIENTO. José Luis Rodríguez Zapatero y Patxi López fueron agasajados con un aurresku de honor. / IGNACIO PÉREZ
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El camino que conduzca al cese definitivo de la violencia irá acompañado de un diálogo sobre el futuro político de Euskadi. En su primera visita al País Vasco tras el alto el fuego permanente de ETA, José Luis Rodríguez Zapatero no eludió lo que constituye una cuestión sensible en el inicio del proceso de paz y avaló con su discurso la constitución de una mesa de negociación multipartita, sin ponerle fecha y acotándola. Su objetivo primordial, apuntó, debe ser «renovar un gran acuerdo de convivencia», y aseguró que los vascos «van a decidir su futuro -el eufemismo de la autodeterminación para el nacionalismo- como ocurre en democracia: dentro de las leyes y respetando cada uno de los principios» del ordenamiento constitucional. En el terreno de juego de la legalidad, incidió el presidente del Gobierno, hay margen para un pacto que refleje «la pluralidad» de la comunidad autónoma. «Las identidades no se cuentan, ni menos aún se recuentan, se comparten», aseveró entre aplausos de una militancia entregada.

El jefe del Ejecutivo español desplegó ante las bases socialistas un discurso conciliador en las formas y en el fondo. En él, evitó censurar a nadie por sus siglas -lo hizo por él Patxi López, muy crítico con el PP y el lehendakari Ibarretxe- y presentó al Estado y su Constitución no como una madrastra, sino como un campo de oportunidades que ha permitido «el reconocimiento como nunca» de Euskadi, de «su identidad» y «la plenitud de su autogobierno». Zapatero hizo un llamativo canto a la preservación de algo «tan sensible y valioso como el euskera» y recalcó que, por su pasado y su porvenir, el País Vasco tiene «su mejor sitio en la España constitucional, democrática, moderna y libre» que incluye a «todos los pueblos y que deja decidir a todos los ciudadanos».

A partir de esos cimientos, y recalcando que la paz constituye la «mejor condición» para poder hacer «la política de verdad», el presidente vino a dar por bueno el esquema de dos procesos de negociación -uno Gobierno-ETA y otro exclusivamente de partidos en Euskadi- aceptado por todas las fuerzas políticas vascas, salvo el PP. No mencionó propiamente una mesa multipartita ni habló de fechas posibles para su constitución, aunque el Ejecutivo ha insistido en distanciar la apertura del proceso de paz de las posibles conversaciones para reformar el autogobierno vasco.

La precipitación de ese foro, al que urgen el Ejecutivo de Ibarretxe y los sectores más soberanistas del nacionalismo, plantea dos serios inconvenientes a Zapatero: ofrecer la imagen, alentada por los populares, de que el Estado paga un precio político a ETA por la paz; y la imposibilidad de compartir espacio público con una formación, Batasuna, que sigue ilegalizada. El líder del PSOE se refirió de forma más o menos explícita a ambas cuestiones en Barakaldo. El final de la violencia no tendrá contrapartidas, reiteró, pero sí vinculó estrechamente «la convivencia, la política, la democracia, la libertad y la paz» a un gran pacto «entre quienes piensan diferente y se respetan a pesar de pensar diferente».

«Hay sitio para todos»

«Claro que tendremos diálogo político y claro que dialogaremos con todos los que quieran eso», confirmó a renglón seguido, advirtiendo, en un mensaje a Batasuna, que ese diálogo sólo se desarrollará «en términos políticos», los de «la palabra, las ideas y el respeto». Zapatero volvió a echar mano del mensaje constructivo al enfatizar que «hay sitio para todos», que existen opciones para todos de «hacer política» si se aceptan las reglas del juego y que caben «posibilidades de propuestas, de reformas, de cambios» si se ajustan a «las leyes y la democracia». Euskadi tiene «una gran historia» que merece «respeto y consideración», apostilló.

El presidente se mostró convencido de que «los vascos de buena fe», a los que identificó con la mayoría, propulsarán la nueva etapa, y comprometió el «empeño» de los socialistas con la búsqueda de un gran pacto del que nazca «un acuerdo de fondo y para siempre sobre la convivencia de Euskadi y la convivencia de Euskadi en España». «Todos tenemos una visión parcial del mundo», constató; la única manera de superarla, concluyó, es «dialogar, entender y respetar al que no piensa como tú».



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