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Viernes, 19 de mayo de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/Montenegro
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El domingo están llamados los montenegrinos a un referéndum de autodeterminación. La pregunta a la que deberán contestar es la siguiente: ¿Quiere usted que Montenegro sea un Estado independiente con plena soberanía nacional? Actualmente forma parte del Estado de Serbia y Montenegro, resultado del Acuerdo de unión de ambas repúblicas de 14 de marzo de 2002. Formalmente constituyen un único estado de carácter federal, cuyo rasgo más singular se recoge en el artículo 60 del acuerdo, en el que se establece el derecho de ambas repúblicas a promover un referéndum, transcurridos tres años, para cambiar su estatuto.

Sin ánimo de establecer similitudes con otras realidades, hay en este referéndum una serie de hechos que lo conviertan en un acontecimiento de cierto interés, no sólo desde un punto de vista académico, sino también desde la perspectiva de los agentes políticos que tienen en su agenda la reconducción de conflictos territoriales de carácter nacional. El hecho más relevante es, precisamente, la participación de la UE en este tema. No sólo ha aprobado la celebración del referéndum, sino que, además, ha impuesto la exigencia cuantitativa de que los votos afirmativos deben suponer el 55 por ciento del conjunto de votos emitidos para que el nuevo estado pueda ser reconocido por la UE. Es decir, para que el resultado adquiera no sólo la legitimación interna que la tendría con el 50 por ciento, sino el reconocimiento de la comunidad internacional. Dicho con otras palabras, cumplido tal requisito Montenegro podría solicitar su ingreso en la comunidad como candidato distinto y separado de Serbia.

Lo que resulta francamente curioso y hasta llamativo es que la Unión Europea no haya establecido ningún porcentaje de participación para la legitimación del resultado, cuando es un hecho conocido que el Gobierno de Montenegro considera suficiente un 41 por ciento de participación y, en cambio, el de Serbia exija un 51 por ciento del censo.

La consulta dejará su poso en la política vasca y española. Y no porque se vean similitudes entre Montenegro y Euskadi o, en su caso, Cataluña, sino por el hecho de la participación de la comunidad europea en un asunto que en sentido estricto podría ser considerado como 'cuestión interna'. Las fuerzas nacionalistas y Ezker Batua han manifestado su satisfacción porque tal hecho supone el reconocimiento del derecho de autodeterminación en el ámbito europeo. Patxi López ha marcado sus distancias, señalando, por una parte, que Montenegro nada tiene que ver con Euskadi, argumento fácil donde los haya mientras no se diga con quién podríamos compararnos, y, además, ha añadido que el derecho de autodeterminación reconocido en el ordenamiento internacional lo es sólo para las colonias, los pueblos oprimidos, o los que sean privados de representación institucional, para añadir que, como es obvio, Euskadi no se encuentra en ninguno de los tres supuestos.

Digo yo: tampoco Montenegro. Sin embargo, la comunidad internacional ha reconocido su derecho a decidir sobre la independencia. En euskara, en tales casos, solemos decir: «hor zegok koxka» (Ahí está la clave).

x.gurrutxaga@diario-elcorreo.com



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