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Jueves, 18 de mayo de 2006
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A PROPÓSITO
La cama
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Leyendo como proyecta Georges Perec en su libro 'Especies de espacios' la relación de todas las camas en las que ha pasado la noche, alguna noche de un día de su vida, me vienen a la memoria las camas, todas las camas que conforman el mapa de mis reposos acostada en una, despierta o dormida. Los hoteles a los que no pienso volver, aquellos a los que sueño regresar, los apartamentos prestados por amigos, las pensiones, los pisos compartidos, los moteles de un viaje por la Baja California, una 'bed and breakfast' en Budapest, la cama de hierro de mi abuela, el mullido colchón de lana de mi niñez concienzudamente aireado con una vara de nogal, las voces del colchonero-lanero, un oficio de antaño, una cama turca de urgente solución ocupacional, un catre medieval de palosanto en la gigantesca habitación de un decrépito palacio veneciano, los duermevelas por ruidos indescifrables en un hostal desangelado; en fin, todo el aturdimiento y la desorientación de la cama ajena y mercenaria y la plena seguridad y dulzura de la propia. Hay quien viaja con su almohada por la única razón de que es no posible llevarse la cama acuestas.

La cama es el espacio individual por excelencia de la casa. Pasamos en ella más de un tercio del vivir y solo tenemos una cama, la nuestra, las demás aunque sean del hogar son para los amigos, invitados, o los parientes. Recordando camas pasadas se me ocurre echar un vistazo atrás de los sitios donde he dormido a ratos, sesteando, con ligeras cabezadas: en trenes, autobuses, y aviones. Bajo un árbol, en hospitales, apoyada en la oreja del sillón de lectura, en julio bajo una parra, sobre la mesa de la cocina en tiempo invernal, en el cine, en el coche como mera ocupante siempre con un ojo abierto y el alma en vilo, en el banco de un parque, junto al mar sobre la arena, en la hierba, a pleno sol y en lo alto de una roca por cuya causa guardo la cicatriz de la caída, en salas atroces de aeropuertos... yo qué sé, en cualquier lugar que pueda darte un punto de apoyo a falta de tu cama personal e intransferible, hecha a la medida del reposo del músculo y la ambición de cada uno. La cama es una nostalgia perenne. Es una pena constante tener que abandonar este perro mundo dejándola aquí.



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