Una especie de caperucita roja vengadora es la protagonista de esta insólita película independiente norteamericana, firmada por el debutante realizador David Slade. 'Hard Candy' se convierte así en un desolado relato criminal, filmado con tanta originalidad como talento. Un filme que aparece a los ojos del gran público como una obra nueva e inesperada, a través de la cual se vierten malévolas alusiones al pintor Edward Hopper ('Halcones en la noche'), así como al cineasta Roman Polanski y a la actriz y también directora Jodie Foster. Dos personajes y un apartamento son los elementos de que se vale su autor para orquestar una historia afilada como un cuchillo, realzada por las interpretaciones de Ellen Page y Patrick Wilson.
Cine minoritario si se quiere, pero de excelente calidad, en un 'huis-clos' vengativo y pasional protagonizado por unos personajes enjaulados entre barrotes de sentimientos encontrados, atados por indestructibles cadenas. Y así la crueldad suprema de la película hará que los espectadores nos sintamos implicados en una trama sin escapatoria posible.
No cabe la menor duda de que lo que David Slade se propone es tremendamente difícil y peligroso, al convertir a sus personajes en arquetipos de la degradación y el ojo por ojo, al tipificar de tal modo los muñecos de la sórdida intriga. Sin embargo, su película se sostiene sin un solo desfallecimiento, hasta el punto de potenciar de tal modo la expresión de sus actores, que uno acaba por rendirse ante este desasosegante ajuste de cuentas.