El Correo Digital
Lunes, 15 de mayo de 2006
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ENTREGADOS. Los aficionados se volcaron con el asturiano. / EFE
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Ninguna imagen del deporte evoca tanta pena como aquella final de Maracaná, Mundial 1950, Brasil ante Uruguay, fútbol en sepia, el mayor estadio del mundo lleno con la hinchada más fervorosa que se ha conocido. Brasil perdió, Maracaná solicitó su demolición, hubo suicidios colectivos y el país permaneció sumido en una depresión general durante meses. Había 174.000 espectadores en aquel legendario estadio de Río de Janeiro. Sin llegar a ese grado de histeria, algo de esto tenía la cita de ayer en el circuito de Montmeló.
 
 
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