Con Iván Basso nunca se sabe. Es un ciclista oculto. Esconde su fatiga. Hace un año, cuando el Giro parecía suyo, una enfermedad intestinal le tachó de la lista de favoritos. Pero nunca, ni en los peores momentos de la ascensión al Stelvio, se le vio cambiar de cara. Conserva el mismo rostro pétreo en derrotas como aquélla y en victorias como la de ayer. La cima Lanciano, el primer final en alto de este Giro, estibó la carrera del lado de Basso. Bastó con un puerto y con el cansancio de la etapa anterior. El triunfo de Basso fue inexpresivo y por aplastamiento, con medio minuto de ventaja sobre Cunego y la revelación de la ronda, Quique Gutiérrez, y con el resto de sus rivales rodilla en tierra: Simoni cedió 1.15; Di Luca, 1,32; Savoldelli, 2.20, y Gonchar, el líder anterior a Basso, 2.34. El Giro ya tiene dueño. Bastó un puerto para saberlo.