Juanma Garate conoce bien el Giro. Ha crecido en esa carrera. Ya sabe lo que es estar entre los primeros de la general. Y conoce también sus límites. Por eso, procura coger ventaja en etapas como la de ayer, cuando los grandes favoritos aún se tantean. «Si no te la juegas, no recoges nada», señaló ayer en la meta. Estaba decepcionado. Había hecho todo para dar un golpe en la clasificación general y, al final, había visto cómo le atrapaban a 300 metros para la meta. «Ha sido una paliza tremenda y al final hasta me han sacado algunos segundos», lamentaba el corredor guipuzcoano del Quick Step.
Pero es éste su modo de afrontar la carrera italiana. Al ataque. «Mañana -por la etapa de hoy- trataré de aguantar y no pagar en exceso este desgaste. Habrá que salvar el día. Luego ya llegarán otras etapas para volver a intentarlo». Garate, que fue el más fuerte de la escapada que protagonizó con Vila, Peña, Verbrugge, Mori y Efinkim, no tuvo opciones de victoria. «Verbrugge ha sido más listo. Parecía que iba mal, pero todos sabíamos que era peligroso en el tramo final. Y así ha sido». De hecho, el belga fue el único de los fugados que consiguió alcanzar en solitario la meta.
A juicio del corredor de Irún, una etapa como la de ayer pasará factura. «Ha sido una jornada increíble. Durísima. Hemos ido parados las dos primeras horas de la carrera, pero luego, después de un descenso, ha empezado la guerra. Basso se ha movido y ya no se ha parado», relató. Ayer mostraron su debilidad, entre otros, Di Luca y Rujano. «Lo de Rujano lo esperaba. Vino al Giro a última hora. Yo creo que está pensando en el Tour», señaló Garate.
El dilema de Patxi Vila
Uno de sus escoltas en la fuga fue su amigo Patxi Vila, compañero habitual de entrenamientos. Pero el ciclismo profesional no entiende de amistades. Garate es del Quick Step y Vila, del Lampre, el equipo de Cunego. Al rival, ni agua. Por eso, el navarro no colaboró en la fuga cuando su equipo se puso a tirar por detrás. «Me dolía en el corazón no echarle una mano a Juanma, pero no podía. Es mi mejor amigo y me daba pena, pero me debo a los intereses de mi equipo», señaló el ciclista de Bera de Bidasoa.
Vila cumplió a la perfección su papel. «Me metí en la escapada para hacer trabajar al CSC, para desgastar al equipo de Basso. Y creo que lo hemos conseguido». Luego, cuando el Lampre tomó las riendas de la prueba, le ordenaron colocarse a rueda de su amigo. Lo hizo. Es profesional. Es su trabajo. Garate lo entendió sin necesidad siquiera de una explicación.