Con los dueños de la Bira Oarbeaskoa, Fernández y Elgezabal, antiguos protagonistas de la Vuelta a Vizcaya, nos muestran su territorio J. GÓMEZ PEÑA j.g.pena@diario-elcorreo.com/BILBAO  EN GRUPO. Elgezabal, Oarbeaskoa y Bingen Fernández realizaron con EL CORREO el recorrido de la ruta. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ | | Imprimir Enviar | | | MARCHAS | Marcha F. Astorqui: salida a las 9.30 horas, en Leioa (centro comercial Artea, en Forum). Hacia Morga, Rigoitia y Unbe. 93 kilómetros.
S. C. Punta Galea: mañana, a las 8.25 horas, hacia Artea y Dima. 100 kilómetros. El domingo, a las 8.25, hacia Mungia y Sollube. 95 km.
S. C. Barakaldesa: mañana, a las 9.00, hacia Ugao, Okondo, Humaran y Galdames. 85 kilómetros.
Zallako T. E: domingo, a las 8.30, hacia Artea, Bikotz Gane, Orozko y Laudio.
S. C. Gernikesa: domingo, a las 9.00, hacia Laida, Ea, Ondarroa y Markina. 85 kilómetros.
Iurreta T. E: mañana, a las 8.00, 111 kilómetros. El domingo, a las 9.00, 72 kilómetros.
S. C. Langraiz: domingo, a las 9.00, hacia Gopegui, Villarreal, Landa, Ozaeta y Vitoria.
C. D. C. Foronda: domingo, a las 9.00, hacia Azaceta, Santa Cruz, Santa Teodosia, Alegría. 88 km.
S. C. Ariznavarra: domingo, a las 8.30 horas, hacia Zaldiaran, Haro, Casalarreina, Miranda. 120 km. | |
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La Bira amateur, la Vuelta a Vizcaya, es el paisaje donde arrancaron Rubén Oarbeaskoa (Kaiku), Bingen Fernández (Cofidis) y Mikel Elgezabal (Atom). Bingen le ofreció a su entonces compañero Roberto Heras el triunfo en la Bira 1995, justo en una curva de acceso a Montecalvo. Oarbeaskoa mandó imprimir un dorsal profesional con su victoria en la edición de 1999. Y Elgezabal siguió esa senda en 2002. Hoy recorremos carreteras de ese paisaje, de un territorio marcado para ellos con los mejores recuerdos.
Como la ruta la dirige Oarbeaskoa, partimos desde Muxika, su pueblo. Creció en la Sociedad Ciclista Amorebieta, organizadora de la Bira, y ganó su primera carrera en Trapagaran. Le entregó el trofeo Juan Tomás Martínez, el 'volcán de Barakaldo', uno de los pioneros en acudir al ciclismo portugués. Oarbeaskoa transitó también por ese camino. Tuvo que dejar su hábitat y trasladarse a escenarios lusitanos. «No me arrepiento. Entonces, allí había mucho nivel. Y siempre me sentí como en casa en mi equipo, en La Pecol». El Kaiku le reclamó luego y cerró su exilio. Tras ese maillot rosa salimos los otros tres integrantes de la ruta. Hacia Gernika. «Vamos a subir Nabarniz». Decirlo son dos segundos; lograrlo, casi veinte minutos.
Ascendemos en formación de dúo: Oarbeaskoa y Elgezabal por delante y Bingen y yo detrás. Navegamos por Urdaibai, un parque temático de entrada gratuita, una alegría geológica. La pareja que tira sube con el plato grande, a casi 30 por hora. Es la inercia del ritmo profesional. Bingen sale en mi defensa y pide calma. Tregua mientras nos elevamos para espiar los tejados de Vizcaya. La localidad de Nabarniz empieza donde acaba una cuesta larga, perfecta para el cicloturismo: constante, sin desniveles exagerados. Es esta una región sin término medio: o subes o bajas. Oarbeaskoa sigue al mando. Es su coto. En Ikazurieta, me dirige la vista hacia una huerta. Allí descansa, plácido, un jabalí. «Lo tienen domesticado». Estamos muy lejos de las rejas de cemento. Aquí la luz juega limpio. Nada artificial.
Metidos en un tobogán y con toda la paleta de verdes a nuestro alrededor, caemos hacia Ereño y luego Lekeitio. Vibra entonces el teléfono móvil de Elgezabal. «Vaya. Me tengo que ir. Salgo para la Vuelta a Madrid». El ciclista es un tipo siempre disponible. Pedaleamos a trío, pues. Para Ondarroa. «Desde Lekeitio hasta allí hay más de cien curvas». Es verdad. A alguien le sobraban giros y los arrojó en los 12 kilómetros que unen esos dos puertos. La carretera es un rosario. Cuenta tras cuenta. Aprovecho para charlar con Bingen. Es de Bermeo. Abierto al mar, al mundo. Su novia es de Portland (EE UU). «Allí sí que hay cultura de la bicicleta. La gente va al trabajo pedaleando. Montan incluso pelotones. Las carreteras tienen un espacio reservado para las bicis. Recuerdo que cuando estuve allí compré una por cinco dólares». Y se 'picaba' con alguno de los ejecutivos que acudían a la oficina.
«Fuentes y atajos»
En Ondarroa, ladeando el puente de Calatrava, giramos hacia el interior. Hacia Lea-Artibai. Es un entorno sedante, de cumbres almohadilladas. De calma. La ruta nos deposita en Berriatua. «Mi padre siempre me dice que un ciclista tiene que saber dónde están todas las fuentes y todos los atajos. Por si hay que utilizarlos», nos cuenta Bingen. Paramos. Agua en la fuente y café, coca-cola y chocolatinas en un bar. Tiempo de charla. Entrecruzamos la conversación con el difícil futuro del Kaiku, un equipo ejemplar pero ahogado por las circunstancias; con la crisis del petróleo y la hoguera a la que nos dirige el consumismo.... Y con la viejas imágenes de la Bira archivadas en su memoria. «El día que lancé a Heras en Montecalvo, subimos antes por Gontzegarai», rescata Bingen. «Ya me acuerdo. Yo también iba con la idea de atacar, pero te adelantaste», prosigue Oarbeaskoa. Retornamos a Gontzegarai, un puerto clavado en la salida de Munitibar.
Son tres kilómetros con un envoltorio precioso. Mayo es un mes ideal para el cicloturismo. Rodamos sobre el 39x19. Arriba, Oarbeaskoa, con aliento de sobra para mirar, me dice: «Desde aquí se ve lo que hemos subido». La penúltima curva es un buen otero. «Hasta Gernika ya todo tira hacia abajo», apunta Bingen. El viento, además, se coloca de aliado. En el descenso también se nota la condición profesional de mis dos acompañantes. Fluyen por las curvas. Como si nada. Apenas acarician el freno. Me sacan un metro por giro. Adaptan la postura y basta. «Muchas veces todo depende de la geometría del cuadro», me concede Bingen. Pero los dos sabemos que, sobre todo, cuenta la pericia. Y hacer, como ellos, 800 kilómetros a la semana por los viejos territorios de la Bira.
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