El padre de Gabriel García Márquez tocaba el violín de oído, en bailes, fiestas y serenatas. Su madre tomó clases de piano, en parte obligada por los abuelos maternos del escritor, que no entendían que una señorita de buena familia no fuera una virtuosa de ese instrumento.
Con estos antecedentes, no resulta extraño que en los trabajos periodísticos y literarios del premio Nobel se contabilicen casi un millar de referencias musicales. César Coca (Bilbao, 1957), adjunto a la dirección de EL CORREO, no sólo las ha contado, sino que además las ha comentado y analizado, todo ello en 'García Márquez canta un bolero', la obra con la que ha ganado el Premio Miguel de Unamuno de Ensayo, convocado por el Ayuntamiento de Bilbao.
El periodista y escritor bilbaíno recibió ayer el galardón -dotado con 6.600 euros- de manos del alcalde, Iñaki Azkuna, que alabó el «rigor y la profundidad» del trabajo presentado. El jurado estuvo compuesto por Cristina de la Cruz, Iñaki Arrieta y José Javier Rodríguez, especialistas en Filosofía, Antropología y Filología, respectivamente.
En esta obra, Coca reconstruye la biografía de García Márquez desde la perspectiva de sus aficiones y gustos musicales. «En sus primeros libros había referencias genéricas a una canción popular, un tango o un bolero. En sus obras más recientes, sobre todo a partir de 'El amor en tiempos del cólera', hay un uso muy preciso de las referencias. Incluso hay escenas que son verdaderos conciertos. En la novela citada hay una boda -una escena realmente larga- durante la que se produce un concierto de música de cámara sobre el que el personaje del doctor Urbino se permite incluso hacer una crítica a la interpretación», explica el autor.
En los textos periodísticos, las citas de García Márquez basculan entre Pérez-Prado y Artur Rubinstein, los Beatles, Bach y Shakira. «En su obra literaria la utilización de la música es de otro tipo. Y se va sofisticando a medida que el autor profundiza en su conocimiento», resalta.
En su última novela, 'Memoria de mis putas tristes', hay más de 40 referencias en un texto de apenas cien páginas. «Es un título lleno de 'guiños': por él desfilan sus obras favoritas y sus gustos más recientes. García Márquez hasta se permite la humorada de 'añadir' una obra al catálogo de Wagner», revela el ganador del Miguel de Unamuno de Ensayo.
En su juventud, el futuro Nobel hizo sus pinitos como intérprete en grupos generalmente encabezados por su hermano Luis Enrique, y fue ampliando su formación musical y el abanico de sus gustos. Con apenas 20 años conoció a Rafael Escalona, el impulsor del vallenato, y esa amistad, que aún perdura, fue esencial también en su educación musical. «Otros amigos, como Álvaro Mutis, fueron providenciales a la hora de aficionarle a la clásica», subraya el autor.
Incluso hay intérpretes que saltan de una novela a otra. «Y partituras que hacen de puente, como las Suites para violonchelo solo de Bach, verdadero 'leit motiv' en algunos de sus títulos más importantes», agrega Coca.
La pasión de García Márquez por la música le ha llevado a crear figuras literarias de carácter musical. «Leemos que sonaba 'una música pedregosa', por ejemplo, y también hay juegos de palabras, como el de que los grandes músicos de todos los tiempos comienzan por B: Bach, Beethoven, Brahms y los Beatles... aunque también habría que añadir Bozart», bromea.
Contradicciones
García Márquez utiliza asimismo la música para mostrar las contradicciones del ser humano. Por ejemplo, el torturador de 'El otoño del patriarca' es un refinado melómano capaz de apreciar las sinfonías de Bruckner, «en un lugar donde nadie tenía la menor idea de quién era Bruckner».
Si a finales de los años 50, incide Coca, el escritor se duerme durante una representación de 'El príncipe Igor' de Borodin, en 1982 disfruta del Concierto para orquesta de Bartók durante la ceremonia de recepción del Nobel. «Una vez, dijo a unos amigos que 'lo único mejor que la música es hablar de música'. En este libro no he pretendido otra cosa que hablar de literatura... y de música», concluye el autor bilbaíno.