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Martes, 9 de mayo de 2006
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CULTURA
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OPINIÓN/Al ataque
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La hostelería es un poderoso sector sujeto a una infinidad de variables. La hostelería depende de cómo vaya casi todo, desde el clima, el estado del tiempo, hasta todas las movidas de los tiempos cambiantes. La hostelería depende incluso de un micromundo invisible, compuesto por extraños y molestísimos compañeros de cama que se encuentran los clientes sin haber solicitado semejante servicio suplementario.

La hostelería australiana sufre un ataque masivo de chinches. Unas minúsculas bestiecillas parásitas tal que célebres parásitos telepersonajillos de la tele, que se deslizan en los colchones y la lencería de los hoteles de Australia, igual que hacen esas amigas eventuales que les sacan los colores a jetas famosas en programas más espinosos que rosas. Las chinches, así decimos en femenino y plural, son bichejos repugnantes que hacen que a su lado las pulgas parezcan insectos simpáticos y amables. Las chinches hacen perder cada año 62 millones de euros en programas de desinfección a la industria del turismo australiano. Chinchando por do más duele. Los que hacen las chinches es chinchar la misma imagen del país que es lo mismo que intentan con sus tórridas confesiones ante las cámaras las amantes intermitentes y anónimas de populares personajes de los chismes sociales: chincharles la imagen que tanto esfuerzo y años les ha costado fabricarse ante la opinión pública que tanto les quiere.

Las chinches propiamente dichas, las que le salen tan caras a la industria turística de las antípodas, los incómodos y asquerosos hemípteros de jergones de posguerra, son nocturnos como nocturnas son las andanzas que cuentan en los programas las sedutas y abandonatas doncellas que infectan la televisión con tórridas descripciones de unos cuantos revolcones con las consiguientes irritantes picaduras de sus afamadas víctimas que se sienten picadas y salen a defenderse y como se dice ahora, a negar la mayor y jurar no conocer a las chinches lenguaraces. La sustancial y sustanciosa diferencia entre unas chinches y otras, las del reino microscópico animal que pueden arruinar empresas y las chinches que hablando le chupan la honra al torero, al actor, al futbolista es que estas últimas generan ganancias astronómicas y no hay razón más valiosa que pueda barrerlas de las pantallas.



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