El Correo Digital
Lunes, 8 de mayo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
 
CELEBRACIÓN. Michael Schumacher salta en el podio para celebrar su primer puesto. / REUTERS
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Michael Schumacher se niega a envejecer. Se resiste a sucumbir al influjo del prejubilado, según el cual la tendencia consiste en dejarse ir, en conceder ventaja al viento de los días. Se trata de una constante social que condena al decaído, al deprimido, al débil. Y algo más, al veterano. El alemán ha negociado con su ego, ha colocado en la balanza el carné de identidad y las ganas de competir y ha resuelto a favor de la pelea. Ayer ganó el Gran Premio de Europa, Nurburgring, camino de la Selva Negra, Alemania frondosa de bosques y pueblos diminutos. Y lo hizo frente a Fernando Alonso, impulsado por su juventud, su ambición y su talento. El Mundial apunta al duelo de generaciones.
 
 

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