El Lagun Aro tiene esta noche (20.30 horas, Punto Radio) una cita con la vida. En La Casilla, ante el Leche Río Breogán, delante de cinco mil gargantas que atronarán como nunca, se las verá con su realidad, con los cuarenta minutos más cruciales en su existencia. Ganar o ganar, asumiendo la presión de a quien no le está autorizado errar más. No, al menos, hoy ante el más directo de los rivales. Seguir en la ACB, asentar más un proyecto excitante y bien apadrinado, pasa por cortar la racha maldita, noquear a los gallegos y esperar acontecimientos.
Las tácticas pasarán a un segundo plano. No debería ser así. Pero la experiencia dice que es en estas ocasiones en las que el balón abrasa en las manos, cuando un rival entonado se asemeja a un carcelero insobornable. Los corazones bombean ríos de sangre, incontrolada muchas veces. Una mente serena y preclara es un artículo de lujo en fregados de esta guisa. En teoría, la lucidez debe corresponder al menos tensionado y ese es el equipo vizcaíno, al que le quedaría un pequeño margen de maniobra incluso con una derrota en una jornada tan determinante como la que le ocupa.
Rearme moral, unidad, trabajo a destajo y baño de multitudes. La terapia buscada parece la idónea tras regresar de Manresa con las dudas de costumbre. Las que provoca un equipo que ha demostrado que sabe mimar el juego, que no le ha costado adquirir ventajas ante prácticamente todos los rivales, pero que ha mostrado a la vez una misericordia impropia de un deportista profesional, en quien debe imponerse el instinto depredador.
Lógica por jerarquía
Si puede, el Breogán no le va a perdonar una al conjunto de Vidorreta. El técnico bilbaíno ha rebuscado entre la materia gris que le rodea para intentar que de una vez por todas sus discípulos atiendan a la lógica más que a la jerarquía. Solidaridad es un término que ha usado incesantemente el entrenador rojillo. La ansía no sólo para que sus esquemas de la pizarra tomen forma en el campo. La necesita para no gastar munición alegremente, puerilmente en algunos casos. Jugarse las canastas decisivas no es monopolio de la edad, las temporadas en la ACB o los ceros que acompañan un epígrafe en el contrato. La regla de tres acerca esa responsabilidad a quien más cobra, que por ende será, sobre el papel, un elemento destacado del resto en calidad. Pero el juego tiene tantos matices y situaciones que muchas veces la lotería le toca al menos esperado. Todos los jugadores tienen licencia para arriesgar. Malo si sólo la asume uno.
Pero el día de hoy debe estar por encima de individualidades. El bien común, la permanencia, la continuidad en la ACB es un bien tan vital que su consecución será obra de todos, al margen de estadísticas. De los técnicos de la casa, una plantilla comprometida, un consejo de administración que ha sabido arroparse bien y un público que, como siempre, es lo mejor. La razón de existir.