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Jueves, 4 de mayo de 2006
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El rodillo blaugrana
El Barça, sin rivales en España, conquista su decimoctavo título de Liga con una comodidad sólo al alcance de los equipos llamados a hacer historia
El rodillo blaugrana
CELEBRACIÓN. Los jugadores del Barça festejan con la típica montonera el gol de Eto´o ayer en Balaídos que les dio la victoria. / EFE
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Como la fruta madura. Así ha caído el título de Liga en el morral del Barça, cuya superioridad a lo largo y ancho de la temporada ha sido incontestable. Histórica. Tanto es así que podemos hablar de este campeonato 2005-06 como el menos emocionante -en lo que a la consecución del título se refiere- desde hace muchos años. Y es que el equipo de Frank Rijkaard ya ha conseguido en España lo que está a punto de lograr también en Europa: que sus rivales ya no rivalicen con él y, resignados a la evidencia, se contenten con ocupar el escalón inferior al que ocupan los blaugranas. ¿Cuánto tiempo, por ejemplo, llevan luchando el Valencia y el Real Madrid por el segundo puesto? ¿O hace cuantas semanas que ni siquiera los futbolistas más locuaces de estos equipos se atreven siquiera a bromear con la posibilidad de dar alcance al Barcelona?

Lo cierto es que el dominio del conjunto culé en la competición doméstica es tal -y se presume que seguirá siéndolo al menos a corto plazo- que nos obliga a hablar de un equipo de época. En este sentido, resulta inevitable la comparación con el 'Dream Team' de Cruyff. Los aficionados culés discuten mucho sobre este punto en sus veladas. (En realidad, lo suyo no es una discusión sino una forma como cualquier otra de solazarse una y otra vez en una comparación siempre placentera).

Por títulos conquistados queda claro que el Barça de Cruyff va por delante: cuatro Ligas y una Copa de Europa por sólo dos Ligas, de momento, el equipo de Frank Rijkaard. También es cierto que el 'Dream Team' alcanzó momentos de excelencia -cimas estéticas, podría decirse- a los que quizás no haya llegado todavía el actual Barcelona. Ahora bien, el poder y la autoridad de este Barça se antoja bastante superior al que tenía a comienzos de los noventa. Es un bloque con menos fisuras, más mecanizado y fiable y con más fondo de armario; un auténtico rodillo que gana por demolición y que no necesita golpes de fortuna en la última jornada de Liga para ganarla. ¿Hubiera perdido este Barça por 4-0 ante Milán de Fabio Capello una final de la Copa de Europa? La verdad es que no da esa impresión.

El segundo título consecutivo de Ronaldinho y compañía se resume en unas cifras impecables, en algunos casos todavía mejores que las de la pasada campaña, que ya fueron de récord. En 2005, acabaron con 84 puntos, la cifra más alta que se ha sumado nunca, y una diferencia entre los goles a favor y los goles en contra de +44 (70-26), también la más alta desde que la Liga es Liga. Pues bien, tras su victoria de ayer en Vigo, el Barça suma 79 puntos. Le quedan pues 5 de los 9 que le quedan por disputar para igualar la marca de la pasada temporada. Veremos si los alcanza. Lo que no sólo ha alcanzado sino superado es lo de la diferencia entre goles marcados y encajados. 75 frente a 29. O sea, +46. Una burrada.

Inicio a medio gas

Puestos a hacer un poco de historia de este nuevo título liguero del conjunto blaugrana -el decimoctavo en la historia del club-, hay que recordar que, durante los dos primeros meses de competición, los de Rijkaard anduvieron a medio gas. En la séptima jornada, de hecho, sólo llevaban diez puntos (dos victorias, cuatro empates y una derrota, ante el Atlético) y en la Ciudad Condal comenzaron a escucharse entonces algunas voces críticas contra Rijkaard desde diferentes ámbitos: la oposición a Laporta, algunas tribunas periodísticas... Que aquellos palos, producto del resentimiento, de las ganas de enredar o de interés claramente espúreos, no se sostenían empezó a demostrarse el 22 de octubre.

Aquel día visitó el Camp Nou el Atlético Osasuna. Era el líder. El Barca venía de empatar a cero en Atenas ante el Panathinaikos. Era el tercer empate consecutivo del equipo, que también había igualado en Liga ante el Zaragoza en casa (2-2) y el Deportivo fuera (3-3). Se esperaba, pues, un partido de alto voltaje ante un enemigo de cuidado. Sin embargo, lo que hubo fue un paseo militar del conjunto blaugrana delante de su público; un 3-0 sin paliativos que sirvió al equipo barcelonés como plataforma de lanzamiento hacia un despegue formidable. Es fácil de escribirlo pero casi imposible de lograr: el Barça ganó los 14 partidos de Liga siguientes -el 0-3 en el Bernabéu con aplausos incluidos a Ronaldinho marcó la temporada- y se quedó a una victoria del récord de triunfos consecutivos logrado por el Madrid de Di Stéfano en la campaña 1960-61.

Los protagonistas

La derrota le llegó por fin el 5 de febrero y, como no podía ser menos, fue ante su extraño verdugo particular, el Atlético de Madrid. Para entonces, eso sí, los culés ya tenían el título en el bolsillo. Y es que ningún otro equipo pudo seguir su rebufo. Ni un Valencia sobrio pero demasiado plano ni un Real Madrid desquiciado y en plena travesía del desierto. (Poco más tarde le abandonaría hasta su Moisés, Florentino Pérez). Ambos, merengues y ches -añádase a Osasuna, si se quiere-, se limitaron a ver partir al Barcelona. Adeu.

Si hay que hablar de los protagonistas del título hay que hacerlo, desde luego, de Frank Rijkaard, que continúa en sus trece: poco ruido, buen rollo y mucho sentido común. Su trabajo está siendo sobresaliente. De cara al futuro, la única duda que puede plantearse es si el técnico holandés podrá seguir gobernando con tanta sencillez y maestría un vestuario al que el éxito, inevitablemente, comenzará a hinchar. Respecto a los jugadores, qué decir de Ronaldinho. Éste es su Barça como el de los cincuenta fue el de Kubala o el de los setenta el de Cruyff. Su magia es la argamasa de este equipazo. Y qué decir de Eto'o, que infantiladas y polémicas aparte ha firmado 25 goles; o de Deco, Larsson (10 goles), Puyol, Oleguer, Valdés, Márquez o Edmilson; o del estallido de Messi como una estrella de categoría mundial; o de Iniesta, que ha sabido cubrir una ausencia de vértigo como ha sido la de Xabi. La 'gent' blaugrana, en fin, puede darse con un canto en los dientes. Y es que aunque este tipo de sentencias siempre tienen algo de arbitrarias y hasta un punto de frivolidad, estamos hablando del mejor equipo de fútbol del mundo.



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