El Correo Digital
Jueves, 4 de mayo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
A PROPÓSITO
El juego
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

La agencia espacial rusa y una empresa de golf de Toronto han firmado un contrato. Un cosmonauta, armado con un hierro 6 placado en oro, lanzará una pelota de golf desde la estación internacional que baila en el espacio. La pelota orbitará alrededor de la Tierra durante cuatro años, recorriendo millones de kilómetros antes de consumirse más acá del límite de la atmósfera de nuestro planeta. El récord del más largo 'drive' de toda la historia de este deporte.

Sólo habrá un problema para cualquiera que sea el afortunado golfista orbital: que deberá trabajar su 'swing' al máximo. Un fallo podría ser catastrófico y no solamente para el 'handicap' del jugador. El rumbo exacto de la pelota es la clave. Determinante la dirección precisa, bajo pena de que choque contra la propia estación o enfile la ruta hacia uno de los centenares de satélites que forman el cinturón del globo terráqueo, los cientos y cientos de artilugios que envían y recogen señales, facilitan las comunicaciones, investigan, espían, y en definitiva, meten en cintura desde arriba a los terrestres. En la estratosfera y más allá también se proyectan y perpetran las más ignoradas golferías humanas y ahí está para confirmarlo el plan de la famosa 'guerra de las galaxias', una cuestión nada peliculera.

La citada pelota de golf destinada a ser histórica, en el peor de los casos, podría encontrarse en la misma órbita que la estación espacial y retrocedería como un 'boomerang' , amenazando con una colisión, de tal calibre, que sería equivalente a la de un camión de más de seis toneladas lanzado a cien kilómetros por hora. Si realmente existe este peligro colosal, la amenaza posible de un desastre, no se explica esta golfada perpetrada entre rusos y canadienses.

Hay cosas con las que no se juega. Puede que la pasión por el golf se esté saliendo de órbita para que incluso sea posible imaginar al 'agujero negro' convertido en disputado hoyo. Precisamente hoy los periódicos hablan de un golfista de élite 'golfo' que cuenta en un libro su ruina en los casinos. Bebedor, jugador mujeriego, John Daly, dejó de fumar, de beber y otros vicios, pero se confiesa no liberado de un único un problema: el juego. Un problemón, así en la tierra como en el cielo.



Vocento
[an error occurred while processing this directive]