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Miércoles, 3 de mayo de 2006
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ECONOMÍA
ANÁLISIS
Motivaciones políticas, consecuencias económicas
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Si le gustan las emociones fuertes, no se pierda la lectura del 'decreto supremo' número 28701 'Héroes del Chaco', donde se establece que «el pueblo ha conquistado a costa de su sangre el derecho de que nuestra riqueza hidrocarburífera vuelva a manos de la nación y sea utilizada en beneficio del país». La medida tiene un indudable sustento político, del que no quiero hablar, y unas inconmensurables consecuencias económicas a las que me voy a referir.

Nacionalizar los intereses extranjeros es una tentación difícil de resistir para los gobiernos de corte populista y de izquierda radical. Tiene muchísimas ventajas. Entre otras muchas, permite cargar sobre las empresas extranjeras todos los males que aquejan al país, olvidando por ejemplo obviedades como que Bolivia es un país independiente y dirigido por bolivianos desde 1.825. Además, puedes hacerte con un patrimonio enorme, una tecnología sofisticada y una gran capacidad de influencia sin más gasto que la firma de un decreto.

Pero también conlleva algunos inconvenientes. Salir del subdesarrollo es una tarea compleja que exige grandes esfuerzos y necesita la conjunción de muchas circunstancias; y, entre ellas, la estabilidad política y la seguridad jurídica. Los atropellos, como éste, enardecen y satisfacen temporalmente a las masas en el interior, pero irritan y asustan definitivamente a los inversores del exterior.

Evo Morales definió de «histórico» el 1 de mayo, el día en el que firmó el decreto. Sin duda, lo será. Lo que nadie sabe es cuáles serán sus efectos y en qué medida redundará en beneficio de los bolivianos. Por cierto, ¿En qué medida les beneficiaron las dos anteriores nacionalizaciones?

Una curiosidad. Todos los países del mundo desarrollado disputan entre sí por captar inversiones efectuadas por las odiosas multinacionales y todos se alarman cuando amenazan con marcharse. Mientras tanto, los países que más necesitan la inversión exterior, como Bolivia, se empeñan en ahuyentarlas.

Otra curiosidad. En la Guerra del Chaco que da nombre al decreto y en donde también se disputaban hidrocarburos, los héroes bolivianos estuvieron mandados por el general ¿alemán! Hans Kundt. Esta vez es más sencillo. Con gestores como Evo dentro, Bolivia ya no necesita enemigos fuera.



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