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Miércoles, 3 de mayo de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Primera persona del plural
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A estas alturas de la Liga, y con las apreturas clasificatorias, los partidos del Athletic duran todo el fin de semana. El empate de Sevilla parecía bueno (fue lo mínimo que mereció el equipo, en un buen partido con media docena de ocasiones), pero la tarde del domingo fue trayendo noticias inquietantes. Acabamos el sábado razonablemente satisfechos, pero el domingo nos puso de nuevo ante la gravedad de las cosas. El Mallorca y el Racing ganaron a domicilio, y nos pasan en la clasificación. Estamos tan sólo a tres puntos del descenso y sólo tenemos por detrás a los dos principales candidatos a consumarlo (el Málaga ya está en Segunda). Nos distanciamos en cuatro puntos de un Cádiz que dio buena impresión en el Camp Nou y tiene un calendario más favorable, como lo tiene el Alavés, que nos gana en el goal average. Sigamos aún atando cabos de esta enmarañada madeja. El calendario de la muerte, sobre el papel, lo tiene el Racing, que juega contra Madrid, Osasuna y Villarreal, pero a estas alturas de la competición no es fácil pronosticar qué partidos serán más difíciles (las últimas suelen ser buenas jornadas para los quinielistas atrevidos, porque son frecuentes los resultados improbables). Si el Athletic gana esta tarde al Zaragoza, y el Alavés no lo hace con el Betis, nuestra ventaja con los vitorianos será ya muy importante. Si el Alavés ganase, pasaríamos a los béticos, con quienes tenemos mejor goal average, y se verían impulsados a ganar al Mallorca en la siguiente jornada. Tampoco la Real, el Mallorca y el Espanyol están salvados. Podríamos todavía seguir pensando en la resultante de cada combinación de fuerzas diversas, pero tal vez sea mejor olvidar a los demás y pensar en que dependemos de nosotros mismos. Llevamos ventaja y estamos ya en la última recta. Tal vez sea lo mejor, como los buenos esprinters y purasangres, no mirar a los lados sino a la línea de meta.

El Athletic puede y debe ganar al Zaragoza. Juega ante su afición y lo necesita más. A mí me parece que lo hará, también, porque es un equipo mejor. Y, sobre todo, porque el partido es una de las más decisivas finales de su historia, aunque no dispute un trofeo al uso sino el más importante de todos, seguir, más de cien años después, como siempre, en Primera. Los futbolistas del Athletic saben que en ese partido nos va la historia, no la Historia con mayúscula, que suele reservarse a acontecimientos graves en los que el tiempo no se cuenta, lamentablemente, en función de los partidos, sino la historia doméstica de la inmensa mayoría de las corrientes semanas de nuestras vidas. Puede sorprender, a quienes tienen la mala suerte de que el fútbol les resulte indiferente, que hablemos en plural, incluyéndonos, cuando decimos que ganamos o perdemos, estamos en tal o cual lugar de la clasificación, nos jugamos algo muy importante. Puede parecer infantil o pretencioso, y hasta chocante que usemos la primera persona del plural cuando resulta muy ostensible que ya no estamos en forma. Pero sólo se sorprenden quienes desconocen que nuestras emociones no son menos intensas que las de quienes nos representan, ni menos brillantes las jugadas en nuestras cabezas. No somos nosotros, sino los futbolistas, quienes, en todo caso, viven pasiones vicarias. Son ellos quienes actúan por delegación: su papel se limita a realizar las jugadas que una vez imaginamos. El gol de la permanencia lo van a meter en nuestro nombre.



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