El cine policiaco francés, de sólida tradición histórica, sigue conservando contra viento y marea toda su vitalidad. Ellos lo denominan 'polar' o 'film noir', que puede ser el equivalente al 'thriller' americano clásico, que integra a cineastas y títulos que han dejado su impronta a lo largo de la historia del cine mundial. Ahí están 'Muelle de las brumas', de Marcel Carné (1938); 'París, bajos fondos', de Jacques Becker (1952); 'Rififi', de Jules Dassin (1955) y 'El silencio de un hombre', de Jean-Pierre Melville (1967), para demostrarlo. 'De latir mi corazón se ha parado' se inserta por derecho propio en tan ilustre género, a pesar de tratarse de un 'remake' del filme de James Toback, 'Melodía para un asesinato' (1978).
Película y argumento convenientemente remozado por el director galo Jacques Audiard ('Un héroe muy discreto'), ya que aporta oportunas reflexiones sobre las maquinaciones de algunas constructoras y a la crítica situación de muchos colectivos de inmigrantes en Francia. Su máximo responsable dirige la película en dos direcciones. Por un lado, muestra sin tapujos la brutalidad de toda una serie de hampones, con especial protagonismo de un joven que, valga la paradoja, sueña con convertirse en concertista de piano.
Diálogos al estilo de 'te acuestas con pedorras y te ríes de tus chistes. Al final vas a ser un tío vulgar', contrastan con la afición, por otro lado, a la música clásica del protagonista, incluida la electro y la 'Sonata Número 32', de F. J. Haydn. Curiosa antítesis, que proporciona espesor a esta interesante película.