Juan José Ibarretxe apeló ayer a los jueces a estar «a la altura de las circunstancias» y acomodar sus actuaciones al nuevo escenario abierto por el alto el fuego permanente de ETA, unas palabras con las que estableció su criterio sobre la última condena impuesta a Arnaldo Otegi por enaltecimiento del terrorismo. Fue un llamamiento que el lehendakari hizo extensivo a partidos y periodistas, a los que minutos antes había pedido «ayuda» y «militancia» en favor del fin de la violencia. «Desde el respeto que debe merecer la separación de poderes, creo que sería necesario que todos, políticos, jueces, medios de comunicación, hiciéramos una reflexión y adaptáramos nuestros planteamientos a los nuevos tiempos», remarcó, a preguntas de la Prensa.
Ibarretxe protagonizó ayer su habitual mensaje en las campas de Armentia con motivo del día de San Prudencio, patrón de Álava. Y no se sustrajo, como era previsible, a la situación creada por el alto el fuego, «un sueño hace un año y hoy una realidad», se congratuló. Ibarretxe incidió en que ésta es una «oportunidad maravillosa» para «trabajar por la paz y los acuerdos políticos» y reiteró que, tras las verificación de la autenticidad de la tregua, llegará el tiempo de la negociación política, la búsqueda de pactos y su refrendo en consulta. Aquí, requirió «discreción» y «responsabilidad», al tiempo que reivindicó de nuevo el protagonismo del pueblo vasco.
El jefe del Ejecutivo remedó a José Luis Rodríguez Zapatero al constatar que el proceso de paz será «largo y difícil», pero conminó a superar las dificultades y caminar todos «en la misma dirección». Ibarretxe, que sí se felicitó de «la predisposición» que percibe en los partidos de «hacer las cosas mejor», resumió su filosofía para encarar el camino hacia el final de la violencia y la normalización: «la clave», enfatizó, no está «en caerse», sino en levantarse cada vez y con más fuerza.
El lehendakari no eludió, al ser cuestionado por ello, la tensión suscitada en el Pleno del jueves, cuando el popular Carlos Urquijo le acusó con dureza de ser «colaborador necesario de ETA-Batasuna» por reunirse con Arnaldo Otegi. Ibarretxe, que no respondió al interpelante, negó ayer que ese episodio suponga un punto de inflexión en sus intentos de tener una relación «racional y amable» con el PP, pero sí advirtió de que él no piensa jugar en «ese campo embarrado» de las «descalificaciones» porque uno sabe cómo entra pero no cómo sale. E hizo hincapié en que éstos no son tiempos de «mensajes agresivos», sino de «acercamiento».
Quizá para predicar con ejemplo, Ibarretxe soslayó las críticas vertidas, con distinto tono, por populares, socialistas y la izquierda abertzale contra su plan de paz y convivencia. Según dijo, él se queda con la «predisposición a buscar acuerdos» cuando se discuta en el Parlamento.