El Correo Digital
Sábado, 29 de abril de 2006
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OPINIÓN
CARTAS AL DIRECTOR
Alma de Bilbao
Nuestro padre era de Bilbao. No porque hubiese nacido en Bilbao, sino porque su espíritu era de Bilbao. Eso sí, de un Bilbao muy amplio, ya que concentraba en su ciudad el profundo amor que sentía por este pueblo. Nuestro padre era de Bilbao porque el alma que lo animaba podría decirse que durante toda la eternidad hubiera navegado por la ría de San Antón al Abra dejándose llevar con la confianza de los que saben que siempre se llega a buen puerto. Él y sus amigos formaban un grupo que representaba a Bilbao y Bilbao los representaba a ellos. Buena gente, gente noble que vivió la guerra y la dictadura más dolorosas y que lloró con lágrimas vivas el dolor de su pueblo y de su gente a los que tanto amaban. Amor, respeto y admiración compartida en años de reuniones, comidas, fiestas y charlas infinitas hasta la madrugada para sacar a pasear al sentimiento fraternal profundo que los unía. Si, como dijo un amigo gallego, «el mundo ya está en todas partes», el mundo estuvo siempre para ellos en Bilbao. Bilbao en el sentimiento, Bilbao en las ilusiones, Bilbao en la cabeza, Bilbao en las manos, Bilbao en el corazón De ahí lo de no alejarse, ¿hacia dónde ir si Bilbao lo representaba todo? Ahora Bilbao es diferente, no porque haya cambiado sino porque ellos ya no están. Alguien me ha dicho que ese Bilbao que intuyo ahora está en el cielo y que nosotros sólo tenemos que alegrar el alma si queremos verlos.



Vocento
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