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Viernes, 28 de abril de 2006
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CULTURA
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«Huelo a los flamencos sin sentimiento»
El pequeño de los Farruco debuta como actor con una crónica a ritmo de rumba del Barrio Chino barcelonés en los 80
«Huelo a los flamencos sin sentimiento»
EN EL BARRIO. Antonio Fernández Montoya, Farruco, en 'El triunfo'.
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'EL TRIUNFO'
Nacionalidad: España, 2006. Director: Mireia Ros.

Intérpretes: Juan Diego, Farruco, Pep Cruz, Marieta Orozco, Cheto, Ángela Molina.

Página web: www.filmax.com

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Al estreno de 'El triunfo' en el Festival de Málaga acudió la familia de Farruco al completo. «Llenamos un autobús con 55 personas. Medio teatro Cervantes». Antonio Fernández Montoya, Farruco, debuta en el cine con 'El triunfo', un drama ambientado en el Barrio Chino barcelonés de los años 80, cuando todavía no se había convertido en el Raval chic. El menor de los Farruco tuvo que leer la novela homónima de Francisco Casavella para descubrir la marginalidad en las calles: «Yo he tenido la suerte de criarme en un pedazo de barrio de Sevilla».

Actores consagrados como Juan Diego y Ángela Molina acompañan al bailaor, de 17 años, en 'El triunfo'. A la directora Mireia Ros no le importó que el hermano pequeño de Farruquito no se hubiera puesto jamás delante de una cámara. «Ella dice que me eligió por mi sonrisa. Y hasta adaptó el personaje del Nen a mi medida». A Farruco no le costó reconocerse en un gitano que sueña con el éxito cantando rumba. «Siempre he tenido esas ansias de triunfar a toda costa. El Nen está relacionado con la música, no tiene padre Lo mismo que yo. Eso sí, la rumba catalana es un palo chico que no se canta ni baila en el flamenco, es más sentimiento que otra cosa».

Se subió a un escenario con dos años y a los diez fundó su primera compañía, 'Los gnomos del flamenco'. Tomó el nombre de su abuelo, el mítico Farruco, de quien dice haber heredado su «lado salvaje», mientras su hermano Farruquito se ha quedado «con la elegancia». El bailaor reconoce que su infancia ha sido diferente. «Cuando los niños de ocho años jugaban a las estampitas de fútbol, yo ensaba cuatro horas y vivía de avión en avión. Ahora echo en falta cosas e intento recuperarlas, pero siempre me han educado en casa para tener una responsabilidad y luchar por lo que quiero ser. Vamos, que yo he deseado perderme esas cosas».

Y es que, para Farruco, ser flamenco «es una forma de vivir y sentir». «No se trata de llevar un modo de vida bohemio. Yo me levanto y hay música en mi casa. Huelo a los flamencos sin sentimiento». Al actor no le ha costado ser dirigido por una mujer -«el gitano también tiene una parte femenina, y le gusta dejarse llevar por ellas aunque sea por el mal camino»-, pero, como buen gitano, admite que la familia es lo primero. «Te motiva para seguir viviendo. Puedes estar bien, con trabajo y todo eso, pero si no tienes familia estás vacío. A veces, siento la necesidad de estar solo. Pero me acuerdo de mi madre, de mis hermanos y mis primos y tengo que volver a ellos». El proceso judicial de su hermano Farruquito sirvió para unirlos aún más. «Hemos descubierto quién es amigo de verdad. Ahora sabemos a quién apreciar y a quién darle las buenas tardes y ya está. Ya intuíamos que había gente que iba a flaquear. Son obstáculos que te pone la vida, pero tiramos para adelante. Farruquito está con su espectáculo, su disco Más lanzado que nunca».



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