Vamos, hombre, faltaría más. Los navarros, Navarra en pleno, ni mucho menos su, hoy por hoy, presidente don Miguel Sanz, no tienen miedo alguno a que se pronuncie el ciudadano. Dice el señor Egibar que se tiene miedo al pronunciamiento, y la verdad es que está muy confundido. A lo que podemos en todo caso temer los navarros es a lo que se esté fraguando a nuestras espaldas. Osa el representante del Partido Nacionalista Vasco decir que existen vascos confinados en suelo navarro, pero olvida que estos hombres y mujeres son navarros de hecho y de derecho, son vascos también porque Navarra tiene su historia escrita en vasco, pero no en una invención circunstancial llamada Euskal Herria. Claro que hay muchos navarros que piensan diferente y así lo demuestran en las urnas, en eso se muestra la libertad de este pueblo.
Por ello, no tenemos miedo alguno. Los navarros, al igual que los vascones -porque éstos son igualmente navarros- han sido siempre gentes de gran valor, valentía y de difícil amedrentar. Lo que podemos temer es que alguien nos venda por un saquete de monedas, y además pretenda darnos un beso de amigos. Gracias a que las condiciones ni se dan, ni se darán, porque no permitiremos que nadie imponga su voluntad sobre el pueblo navarro, único poseedor de su soberanía y sobre la que no tienen necesidad de pronunciarse.