Los cambios registrados en el papel y la composición tradicional de la familia, sobre todo en los países más desarrollados, no han alterado la concepción más que positiva que de esta institución tienen los españoles. La familia sigue siendo, en nuestro país, el principal núcleo de apoyo, solidaridad y confianza. Constituye, junto a los amigos, la red personal que se considera clave en situaciones de necesidad, en caso de enfermedad, para un préstamo e incluso en la búsqueda de empleo.
El arraigo de la familia no es una peculiaridad de España. Se evidencia como una institución esencial en sociedades muy diversas: es el grupo en el que más se confía y al que más se recurre a la hora de pedir ayuda. Ésta es una de las principales conclusiones del 'Estudio internacional sobre capital social' elaborado por la Fundación BBVA, basado en una encuesta a casi 20.000 personas de trece países: Japón, Rusia, Israel, Turquía, México, Chile, Estados Unidos, Reino Unido, Dinamarca, Italia, Francia, Alemania y España.
El trabajo refleja que el nivel de confianza de los españoles es muy alto en la familia y en los amigos (8,7 y 8,1 sobre 10, respectivamente). Cuatro de cada cinco afirman que, en caso de necesitar ayuda por enfermedad. recurrirían en primer lugar a un familiar. España es, tras Dinamarca, el país en el que el individuo tiene una red más amplia de familiares y amigos (veinte personas). A la hora de valorar las instituciones, España es, también junto a Dinamarca, el único país europeo en el que el Gobierno nacional puntúa por encima de los 5 puntos. Los ciudadanos confían poco en los políticos (3,7 puntos) y los religiosos (4,4), mientras que los profesionales mejor considerados son los científicos (7,3), médicos (7,1) y maestros (6,9).
Diferencias nacionales
El estudio internacional revela, en general, una confianza 'media alta' en las personas, destacando sólo las puntaciones negativas de Chile y Turquía. Esta confianza generalizada no significa, sin embargo, que se perciba a los otros individuos como altruistas, ya que se mueven por sus propios intereses. Eso sí, en España, como en el resto de países, se confía siempre más en familiares y amigos que en colectivos más lejanos, como vecinos y personas de la misma localidad.
En todos los países, se otorga una mayor importancia a características de tipo moral, como la honradez, que a atributos de carácter técnico, como la competencia, aunque ésta alcanza también valores altos a la hora de definir la confianza. Tener creencias religiosas estimula la confianza en un alto porcentaje de turcos, mexicanos, estadounidenses y chilenos, pero, en el resto de países, la mayoría de los encuestados dice que a la hora de confiar en alguien es indiferente que tenga creencias religiosas.
En diez países, el nivel de confianza no tiene relación con la etnia. Despierta una mayor confianza la pertenencia al mismo grupo étnico en México y Turquía y, en menor medida, en Japón y Rusia. Se confía más, visto globalmente, en los mayores y en las mujeres que en los jóvenes y los hombres, aunque esto ocurre en menor medida en Europa y Japón. En el caso de España, más del 50% de los encuestados declara que la edad no es importante a la hora de confiar en alguien, mientras que entre el 60% y el 70% considera que el sexo, la religión y el grupo étnico no son tampoco relevantes.
Las instituciones de carácter público y las principales organizaciones privadas generan niveles medios de adhesión y confianza. No se perciben ni altos niveles de vinculación ni tampoco fenómenos de rechazo o desconfianza generalizada. En la parte alta del 'mapa de confianza' se sitúa, por ejemplo, la Cruz Roja, con puntuaciones entre 7 y 8. En segundo lugar, aparecen instituciones vinculadas a la Justicia y el mantenimiento del orden público.